miércoles, marzo 07, 2018

Ursula K. Le Guin: Una Visión de Mujer de la Fantasía y la Ciencia Ficción.



En enero el mundo de la fantasía y la ciencia ficción sufrió una perdida irreparable. Después de una larga y productiva vida, nos dejó Ursula K. Le Guin, una de las autoras del género fantástico que más marcó el siglo pasado. Por ello, a manera de un humilde homenaje y para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, hoy hablaremos de su obra, la cual, por desgracia, no ha tenido tanta resonancia en el público en general como sus contrapartes masculinas, aunque entre los conocedores del genero fantástico es una de las autoras más respetadas y admiradas.

Ursula Kroeber nació en Berkeley, California, en 1929, en el seno de una familia que incentivaría sus dotes artísticas y literarias. Su padre, Alfred, era un famoso antropólogo que realizó influyentes estudios acerca de los pueblos indígenas del sur de California; mientras que su madre, Theodora, fue escritora y antropóloga, escribiendo libros acerca de la vida y carrera de su marido. Así, la pequeña Ursula creció en un ambiente culto, donde algunas de las grandes mentes de la época participaban en reuniones en su casa; desde nativos americanos a físicos como Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica.

Alfred y Theodora Kroeber
La pasión de Ursula por la literatura comenzó a corta edad; su primer cuento de fantasía lo escribió a los 9 años, mientras que los 11 años escribió su primer relato de ciencia ficción que envió a Astounding Sciencie Fiction, quienes no accedieron a publicarlo. No obstante, durante los próximos diez años, ella continuaría intentándolo de manera infructuosa, lo cual nunca hizo merma en su deseo de escribir.
En cuanto a su educación, se decantó por la filología, especializándose en primero en francés e italiano, luego extendiendo su estudio a otras lenguas romances. Fue gracias a esto que ganó una beca para estudiar un post grado en París, por lo que se embarcó en el Queen Mary en 1953 para viajar a la Ciudad Luz. En este viaje conoce a un historiador francés llamado Charles Le Guin, de quien se enamoró y se casaron antes de que finalizara el año.


La vida como escritora publicada de Ursula (ahora usando el apellido de su esposo) comienza en 1962, cuando un cuento suyo de ciencia ficción aparece en las páginas de la revista Amazing. Luego, en 1966, aparece su primera novela: “El Mundo de Rocannon”, con la cual comienza la historia de su universo particular, conocido como Ekumen o Universo de Hainish. A través de novelas y cuentos cortos que fueron publicados durante casi 40 años, Ursula K. Le Guin nos presenta una comunidad de planetas que ha sido colonizada por la humanidad, pero la cual ha evolucionado con el uso de ingeniería genética para adaptarse a los diferentes ecosistemas de los planetas de la galaxia. Con este escenario interplanetario, Le Guin nos presenta historias en las que pone en tela de juicio nuestras convenciones sociales, además de tratar de forma muy inteligente temas como el racismo, el papel de la mujer en la sociedad, la sexualidad, el anarquismo o la religión.


Ahora, en cuanto a lo que respecta al genero de la ciencia ficción en sí, Ursula cultivó la corriente blanda de esta. Por si este término no les es familiar, se denomina ciencia ficción blanda a aquella que no se preocupa de la verosimilitud científica de sus argumentos, por lo que los autores suelen ser ambiguos a la hora de describir la tecnología que se usa en sus mundos, pues no es esto en lo que desean poner énfasis. Por otro lado, se suele caer en el error de pensar que a nivel literario la categorización de ciencia ficción blanda y dura tiene que ver con la calidad de la historia, cosa que no es así, pues hay excelentes escritores tanto de ciencia ficción dura como blanda. Ursula K. Le Guin es una de las más importantes escritoras de ciencia ficción blanda, con un marcado interés sociológico.


Pero Ursula no sólo se dedicó a un género, pues para ella todo lo fantástico era su pasión. Fue así como llegó a nosotros la Saga de Terramar. Esta serie de novelas nos llevan al archipiélago de Terramar, un mundo de fantasía que se sale del estereotipo del medievo europeo, tomando inspiración de diferentes pueblos marinos, como los griegos jonios, los pueblos de Oceanía e incluso culturas precolombinas. En esta saga seguimos las aventuras del mago Gavilán, desde el principio de su carrera hasta que llega a ser un Archimago. Acá, aunque se cuenta con la mayoría de los clichés del género, existe un trato más acabado de los conflictos personales de los personajes. A pesar de que existen villanos a los que hay que derrotar para salvar la paz de Terramar, lo importante siempre es la lucha interior del personaje por vencer a sus propios defectos. Así, muchos fanáticos de la fantasía no se sintieron cómodos con el estilo de aventura que nos presenta la saga de Terramar, más preocupada del desarrollo interior de los personajes que de las grandes batallas épicas.


Pero la obra de Ursula no se quedó en esto, pues debido a su profesión también se dedicó a traducir textos de importantes escritores y poetas al inglés. Dentro de estas traducciones que más se destacan esta la del Tao Te Ching, la obra del filósofo chino Lao Tzu (siglo IV AC) y que es la base de la doctrina religiosa taoísta, a la cual Le Guin adhería. Por otro lado, también tradujo la obra de la poetiza y premio Nobel de literatura chilena Gabriela Mistral, sintiéndose especialmente cercana a su visión acerca del papel de la mujer en la vida.

Gabriela Mistral
Por último, Ursula también dedicó su talento a la literatura infantil y juvenil. Por desgracia, de esta parte de su obra sólo ha sido traducido al castellano “El Viaje de Salomón”.
Ahora, si analizamos con mayor detención la obra de Le Guin, debemos de decir que no es para todo el público fanático de la ciencia ficción o la fantasía. Acostumbrados a la visión típicamente masculina que ha imperado en estos géneros, muchos han tomado los libros de Ursula y se sienten decepcionados por su supuesta “carencia de épica”. Acá cuesta ver a los personajes que pueblan comúnmente los mundos fantásticos y que casi se han vuelto un cliché. Por otro lado, como dije antes, el foco de la historia no está en la aventura, sino en el conocimiento interior, donde el héroe no es medido en su valía por un terrible villano (casi siempre llamado “Señor Oscuro”), sino por su capacidad de vencer sus propios fantasmas y demonios, logrando imponerse sobre sus fallas y logrando ser una persona mejor. Y acá hay otra característica importante de la forma de describir el manoseado “Viaje del Héroe” por parte del Le Guin, pues es sus historia el protagonista no termina como el mejor de todos, consiguiendo la espada maravillosa del elegido o volviéndose el hechicero más poderoso, sino que simplemente al final lo que se consigue es ser más sabio. El principal ejemplo de esto es Gavilán, que comienza como un aprendiz de mago, crece y consigue transformarse en el Archimago de Terramar para luego ir en declive, terminando como anciano sin magia, pero dotado de una gran sabiduría.


Otra cualidad que es importante de hacer notar es lo contingente que es la temática de la obra de Le Guin, aunque haya sido escrita hace 50 años. Particularmente en cuanto a la ciencia ficción, con su visión acerca de cómo nuestra sociedad evolucionaría en el futuro, influenciada por aspectos como la ecología, la economía, la ciencia y, obviamente, la política. Es por ello por lo que le damos el carácter de social a la ciencia ficción de Le Guin, donde nuevamente no tenemos las grandes batallas espaciales o los viriles héroes que recorren el espacio exterior enfrentando monstruos o enseñándoles a amar a hermosas y exóticas alienígenas, sino la contraposición entre el totalitarismo y el anarquismo, como la predominancia de la heterosexualidad en la humanidad es sólo una de muchas posibilidades evolutivas, o hacer una crítica al capitalismo y a cómo éste justifica la depredación del medio ambiente, el colonialismo y la explotación de los trabajadores.


Y lo que tenemos que tener muy en cuenta cuando abordamos los escritos de Le Guin es cómo ella se definía frente a la vida: ella era una anarquista-taoísta-feminista. Esto puede sonar a una etiqueta más entre las tantas que suelen colgarse los artistas para aparentar originalidad, pero por el contrario es la columna vertebral de su obra, lo que demuestra su consecuencia. En todo momento vemos en sus novelas y cuentos una desconfianza por el poder establecido y la defensa de la autonomía de las personas frente al estatus quo opresivo. La doctrina y filosofía del taoísmo la podemos apreciar especialmente en la saga de Terramar, donde el crecimiento espiritual de Gavilán bebé mucho del pensamiento de Lao Tzu. Por último, su feminismo es patente, aunque no pedante; pues en ningún momento intenta transformar sus historias en panfletos que buscan sermonearte, sino que nos muestra a lo que una sociedad igualitaria debe aspirar y cómo las mujeres pueden desempeñar más papeles que el ya manoseado de la dama en peligro que es al mismo tiempo el interés romántico del protagonista.


Por desgracia, la obra de Le Guin nunca ha sido tan popular como la de sus colegas contemporáneos (una anécdota es que fue a la misma escuela secundaria que Philip K. Dick, pero nunca llegaron a conocerse), aunque si fue reconocida por el sus pares y la crítica especializada. Entre los premios que se adjudicó podemos contar el Nebula (6 veces), el Hugo (5 veces) y el Locus (9 veces), entre muchos otros. Por otro lado, la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos la nombraron Gran Maestra de la organización en el 2003, siendo la primera mujer en ostentar dicho honor.


En un día como hoy, en que se celebra internacionalmente el Día de la Mujer (Nota aparte: Por favor, no sea imbécil y proteste porque no hay un “Día del Hombre”), creo que es importante recordar a una artista como Ursula, quien supo plantarse y ser una maestra en géneros que, por desgracia, están dominados por hombres. Como ejemplo, en el caso de la ciencia ficción, antes de Le Guin el único antecedente literario femenino es Mary Shelley, quien paradójicamente es la creadora del género. Además, la imagen de Ursula K. Le Guin y su obra son totalmente contingentes en estos días, donde el feminismo se iguala de manera caprichosa y maliciosa al nacismo y el machismo se ha vuelto reaccionario. Por todo lo anterior, Le Guin es un ejemplo e inspiración para escritores y escritoras acerca de que se pueden hacer cosas nuevas, frescas y de calidad.
Ursula Kroeber Le Guin falleció el pasado 22 de enero a la edad de 88 años. Esperemos que más mujeres tomen su relevo.

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