miércoles, marzo 14, 2018

Stephen Hawking. Una Luz que se Apaga



Hoy el mundo es mucho más pobre debido a la pérdida de un solo hombre; alguien que abrió nuestros ojos a las maravillas que el universo tiene para mostrarnos.

Stephen Hawking es el científico más importante desde Albert Einstein, destacándose por su trabajo en astrofísica y su papel como divulgador científico. No obstante, a nivel humano, es muy difícil que alguien en el planeta Tierra no reconociera a ese enjuto hombre con su perpetua sonrisa en su silla de ruedas. Se trata de una persona que por 50 años no tuvo una voz propia, pero sus palabras fueron escuchadas alrededor del mundo, ya sea debido a sus libros, documentales que protagonizó y a las múltiples conferencias que dictó a los públicos más diversos.


A la hora de hablar de las cualidades del Dr. Hawking, obviamente tenemos su mente privilegiada, la cual se develó a una temprana edad y lo llevó a ser una joven promesa de la física, cosa que de pronto se puso en suspenso debido a una inesperada dolencia. La esclerosis lateral emiotrófica le fue quitando cada vez más el control de su cuerpo, llegando a matarlo en un plazo de unos cuantos años según los pronósticos médicos. Fue en ese momento que sacó a relucir otra de sus cualidades: su tenacidad, no dejándose amedrentar y siguiendo con su vida e investigaciones. Al final. ese par de años se transformaron en 50 en los que ningún escollo pudo detenerlo. Cuando dejó de caminar, se subió a una silla de rueda; cuando le fue imposible empujarla, uso una silla mecánica; cuando dejó de hablar, consiguió un modulador digital que podía funcionar con el movimiento de sus ojos. Nunca se dejó vencer por las circunstancias de su vida, aunque estas fueron mucho más duras de las que cualquiera de nosotros podría aguantar.


Y luego tenemos su espíritu inquieto, el cual se complementó con las dos anteriores. Buscó respuestas a grandes preguntas acerca del universo y recorrió el mundo compartiendo sus ideas con todo aquel que estuviera dispuesto a escuchar. Después de Carl Sagan, él, con todas las complicaciones que presentaba su estado de salud para la comunicación, tomó la posta de la divulgación de científica, llevando conceptos tan complejos como el Big Bang o la Relatividad General a un lenguaje que podía ser entendido por todos.


Lo penoso del deceso del Dr. Hawking no es el hecho en sí de su muerte; pues como el mismo afirmó, es un fin natural al que nadie puede aludir; sino la perdida de una de las personalidades que representan una luz para esta época en que pareciera que, como versa el tango Cambalache: “¡Todo es igual! / ¡Nada es Mejor! / Lo mismo un burro / que un gran profesor”. Hoy un racista ignorante (conceptos redundantes) se sienta en el sillón de la primera magistratura de la nación más poderosa de la tierra y pregona con descaro que las vacunas producen autismo y que el calentamiento global es un invento. Por esta misma línea, hay youtubers que afirman irresponsablemente que los científicos son sólo una cofradía de mafiosos que engañan a la gente, mientras que otros pretenden demostrar que la tierra es plana, desconociendo con ello todos nuestros avances en exploración espacial. Y la ola de la rebelión de los idiotas no cesa, pues podemos sumar a esto predictores de terremotos, medicinas alternativas que ni para placebo alcanzan, fanáticos religiosos que pregonan que los cuentos de hadas contenidos en el libro sagrado que ellos defienden tienen más sentido común que teorías científicas demostradas sobradamente, y un largo y lastimoso etcétera. Es como si hubiera un movimiento global que se empecina en retrotraer nuestro forma de ver el mundo y el universo a oscuras épocas que deberían mantenerse exclusivamente en los registros de nuestros libros de historia.


Debido a esto, el mundo necesita más Carl Sagan, más Neil Degrasse Tyson y, especialmente, más Stephen Hawking. Guías que nos muestren el verdadero rostro del universo y de nosotros mismo, disipando el miasma de superchería y pseudociencia que hoy parece nublar la mirada de muchos.

Dr. Hawking, lo extrañaremos.

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