jueves, enero 19, 2017

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Los Evangelios


La verdad es que no pensaba que hablar sobre Jesús causaría tanta polémica (sí, a veces peco de inocente), pero tengo que hacerme cargo de esto. Principalmente he recibido mensajes acerca de que no he demostrado que los evangelios canónico sean imprecisos y que estoy siendo tendencioso en mis conclusiones. Pues la verdad es que no soy historiador ni pretendo serlo, pero trato de corroborar bien mis datos antes de hablar de algo, por lo que con la biblia en la mano (en realidad estoy leyendo una versión online) quiero concentrarme especialmente en los 4 evangelios del Nuevo Testamento y hablar lo incongruentes que son.

Partamos por lo básico. La mayoría de las iglesias cristianas modernas reconocen sólo 4 evangelios como verdaderos, a pesar de que en los primeros años del cristianismo hubo muchos otros. No sabemos exactamente la fecha en que comenzaron a considerarse estos escritos válidos en desmedro de los otros, pero para el siglo IV ya eran ampliamente aceptados por la mayoría de las comunidades cristianas. Estos evangelios tradicionalmente se han adjudicado a Mateo, recaudador de impuestos que fue uno de los 12 apóstoles; a Marcos, uno de los compañeros de Pablo en sus viajes y luego traductor de Pedro en Roma; a Lucas, médico y otro de los seguidores de Pablo; y a Juan, otro de los 12, hermano de Santiago y autodenominado “aquel a quien Jesús más amaba”. No obstante, la verdad es que no podemos asegurar nada acerca de la autoría de los evangelios, pues no hay pruebas fidedignas que arrojen luz acerca del tema. Es un hecho casi aceptado por todos los expertos que fueron escritos por personas que conocieron la historia de oídas y no por testigos presenciales.


Por otro lado, los estudiosos han determinado que estos evangelios fueron escritos entre el año 70 y 100 de nuestra era, siendo el primero el de Marcos, el cual es tomado como modelo por Mateo y Lucas, agregando ciertos dichos de Jesús que estaban recogidos en una hipotética “fuente Q”, un escrito dedicado sólo a dar testimonio de las palabras de Jesús, muy semejante a lo que es el apócrifo evangelio de Tomás (que según varios estudiosos sería mucho más antiguo que los evangelios canónicos). Por el contrario, Juan es un evangelio aparte, con poca relación en cuanto a su estructura o en a la historia que relata con respecto a los escritos de sus colegas.


Teniendo claros estos datos, pensemos lo siguientes: estos textos pretenden presentarnos la historia de la vida de Jesús, obviamente vista desde los diferentes puntos de vista de los escritores, pero con los mismos hechos. Es paralelo al caso hipotético de dos historiadores que escriben sobre la Revolución Francesa; el primero es un liberal que hace hincapié en los ideales de igualdad revolucionarios, mientras que el otro, un conservador, le dará más importancia al reinado del Terror y las ejecuciones en la guillotina. No obstante, si se les pide a ambos que hagan una enumeración de los hechos acaecidos durante el proceso revolucionario, no creo que haya mayores diferencias a la hora de poner en orden los acontecimientos que van desde el llamado de los Estados Generales al ascenso de Napoleón. Pues en el caso de los evangelios esto no ocurre.


Comencemos con el nacimiento e infancia de Jesús, historia que sólo es contada por Mateo y Lucas, siendo ambas totalmente diferentes con respecto a la otra. Mateo comienza con una genealogía que demuestra como Jesús es descendiente David y Abraham, luego nos cuenta de que María se queda embarazada antes de casarse con José, optando éste por romper el compromiso en secreto, pues no quería que María fuera acusada de adulterio. Debido a lo anterior, un ángel se aparece a José y le dice que el hijo que espera su prometida es el Mesías, así que al final la acepta. Jesús nace en Belén, siendo al tiempo visitado por unos sabios de oriente (no dice que eran reyes ni que eran tres), quienes vienen siguiendo una estrella y traen regalos. Estos sabios se contactan primero con el rey Herodes, quien les dice que también desea adorar al niño, pero en verdad quiere matarlo. Al no tener noticias de los sabios, Herodes envía a matar a todos los niños recién nacidos en la zona de Belén, pero Jesús se salva porque un ángel le dice a José que escape con su familia a Egipto. Luego de muerte de Herodes, la familia vuelve y decide ir a vivir a Nazaret en Galilea.


Por su lado, Lucas comienza contando acerca del nacimiento de Juan el Bautista, quien es primo de Jesús y también anunciado por un ángel. Después vemos que a María, quien vivía en Nazaret, recibiendo al arcángel Gabriel que le anuncia que concebirá al Mesías. Hay una visita de María a su prima Isabel, la madre de Juan el Bautista, y luego viene lo del censo y cómo José y María deben viajar a Belén, donde nace Jesús en un pesebre debido a que las hospederías del lugar estaban llenas. Al mismo tiempo, en los campos unos pastores son visitados por ángeles que les anuncian el nacimiento del Mesías, por lo que van a rendirle honores a su pesebre. Al tiempo, Jesús bebé es llevado al templo, donde una profetiza y un hombre santo reconocen al niño como el Cristo, yendo la familia de vuelta a Nazaret después de esto. Al final, a los 12 años, Jesús vuelve a Jerusalén y se pierde, por lo que termina debatiendo en el templo con los doctores de la ley hasta que sus padres lo encuentran y le regañan.


Analicemos un poco esto. Por si no se han dado cuenta, las historias que cuentan ambos evangelios son parecidas, pero no las mismas. Mateo no habla la aparición de Gabriel a María, ni del viaje a Belén por el censo (de hecho, pareciera que para Mateo ellos ya vivían ahí); el pesebre, los pastores y las dos visitas al templo tampoco están. Por su lado, a Lucas le pareció irrelevante la visita de los magos, la muerte de los inocentes y el tiempo que la familia pasó en Egipto, además de que en su evangelio José ni se inmuta porque su esposa esté embarazada, a pesar de que nunca la ha tocado. En lo único que concuerdan los dos escritores “inspirados por Dios” es en los nombres de los padres, en que Jesús nació en Belén durante el reinado de Herodes el Grande y que la familia termina viviendo en Nazaret. De hecho, un poco más adelante en su historia, Lucas también nos muestra una genealogía de Jesús, en la cual se remonta hasta Adán. Sin embargo, el problema entre los dos árboles genealógicos es que sólo coinciden desde Abraham a David, pues desde ahí todos los nombres de los antepasados de Jesús son diferentes para ambas listas.


Cuando comienza la vida pública de Jesús es que los relatos de los tres evangelios sinópticos comienzan a cuadrar un poco sus historias, principalmente por lo que expliqué acerca de que Lucas y Mateo toman a Marcos como guía. Por su lado, Juan también comienza su historia con la vida pública de Jesús, pero lo que cuenta es totalmente diferente a lo registrado por sus otros tres colegas.
Ahora bien, si nos concentramos en los tres sinópticos, hay un detalle que salta a la vista cuando se los compara: si bien hay un montón de hechos en los que coinciden, el orden en que estos ocurren es diferente para cada evangelista. Todos hablan del bautismo de Jesús en el Jordán realizado por Juan el Bautista, seguido por su retiro en el desierto y las tentaciones que sufre por parte del diablo. No obstante, de acá hasta los acontecimientos de la última semana se la vida de Jesús, cada escritor lo ordena a su manera. Para muestra sólo un ejemplo: es muy conocida la visita que hace Jesús a Nazaret, donde predica a los eran sus vecinos y estos lo menosprecian, siendo de este pasaje de donde sale la frase popular “Nadie es profeta en su tierra” (de hecho las palabras exactas en Mateo son: “No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en casa”, en Marcos: “No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes y en su casa”, mientras que en Lucas: “De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra”). Bueno, en Mateo esto ocurre hacia la mitad del relato, después que Jesús pronuncia varias parábolas y antes de la muerte de Juan el Bautista. Por su lado, Lucas lo pone al principio de la vida pública de Jesús, un poco después de que vuelve del desierto en que fue tentado, y antes de que exorcizara a un poseso en la sinagoga de Cafarnaum. En cuanto a Marcos, lo ubica entre la resurrección de la hija de Jairo y el envío de los apóstoles a predicar en parejas. De hecho, el desenlace de este episodio es diferente según donde se lo lea, pues para Mateo y Marcos Jesús sólo se va desencantado de la incredulidad de sus ex vecinos, mientras que en Lucas estos se enojan mucho por los aires que se da el hijo de José e intentan lanzarlo por un despeñadero.


Ahora bien, puede que esté hilando muy fino y dándole importancia a episodios menores. Entonces ¿Qué pasa con esos hechos icónicos de la vida de Jesús, esos que han sido inmortalizados en pinturas y películas de semana santa? Pues se van sorprender.
El Sermón del Monte es uno de los discursos más conocidos de Jesús, en el cual habla de la retribución a aquellos que lo han pasado mal a través de nueve bienaventuranzas. De hecho, el contenido de este sermón es reconocido por su valor incluso fuera del cristianismo, siendo tenido en especial estima por alguien como Gandhi. Pues, sorprendentemente, este pasaje es sólo relatado por Mateo, Marcos lo ignora y Lucas tiene un discurso parecido, pero con menos bienaventuranzas y algunas imprecaciones a los poderosos y ricos… ¡ah! Además Lucas habla que Jesús se encuentra en un llano, no en un monte. Obviamente es lógico preguntarnos qué ocurrió acá. Quizá fuera como en “La Vida de Brian” donde sólo los más cercanos captaron el verdadero sentido del discurso completo, mientras que los de la filas de atrás no escucharon una mierda.


Otro caso llamativo es el del Padrenuestro, la oración que el mismo Jesús compuso y legó a sus seguidores, siendo recitada por millones de cristianos a diario. Acá nuevamente Mateo nos entrega la versión que todos conocemos, siendo parte del Sermón de la Montaña. Por su lado, Marcos nuevamente no se enteró de esto, mientras que Lucas la pone en otro contexto y nos da una versión diferente de la oración: “Padre; santificado sea tu nombre; venga tu reino; danos cada día el pan que necesitamos; perdona nuestros pecados; porque también nosotros personamos a todo el que nos ofende; y no nos dejes caer en tentación; amén”.


Y esto es sin tomar en cuenta a Juan, quien nos relata hechos, milagros, enseñanzas y parábolas de las que los otros ni se enteraron; así como Juan apenas da fe de un puñado de acontecimientos registrados por sus colegas.  Por ejemplo, sólo Juan habla de cuando Jesús transformó el agua en vino en Caná (uno de los milagros más útiles) o del episodio de la mujer adúltera y el famoso “El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”.


No obstante, hay un milagro relatado por Juan que no entiendo cómo los otros evangelistas desconocieron, siendo este la resurrección de Lázaro. De haber ocurrido, éste debe ser el portento más espectacular que realiza Jesús, pues se trata de devolverle la vida a un sujeto que llevaba 4 días muerto y ante un número considerable de personas; pero a Mateo, Marcos y Lucas les pareció irrelevante o no se enteraron del suceso. Ahora, no es la única resurrección que se le achaca a Jesús, como lo es el caso de la hija de Jairo que aparece en los sinópticos, pero no es comparable en nada con el caso de Lázaro, que según juan fue uno de los motivos por lo que los sacerdotes de Jerusalén se deciden a deshacerse de Jesús.


La culminación del ministerio de Jesús llega con su última semana  de vida, en que vemos una entrada triunfal a Jerusalén y termina con su crucifixión  y supuesta resurrección. Acá tenemos por ejemplo que los sinópticos ubican en ese periodo de tiempo el episodio de cuando expulsa a los mercaderes del templo, mientras que Juan lo dice que fue antes. Pero quizá una de las mayores diferencias se encuentra en la Última Cena, donde los sinópticos hablan de la anunciación de la traición de Judas y las negaciones de Pedro, además de la instauración de la eucaristía, en que Jesús toma vino y pan y se los da a los 12 diciendo que son su sangre y cuerpo. Por su lado, Juan se extiende mucho más en cuanto a la cena, pues además de la predicción acerca de Judas y Pedro agrega muchas palabras y hechos que no son recogidas por los otros evangelistas. Sin embargo, paradojalmente, Juan no hace absolutamente ninguna mención acerca de la consagración del pan y el vino. El ritual que las diferentes denominaciones cristianas siguen realizando para conmemorar el sacrificio de su dios hecho hombre a Juan le pareció totalmente carente de importancia como para ser mencionado.


Y la cosa suma y sigue hasta el final. Para los sinópticos, Jesús reza en el huerto de Getsemaní y luego es aprendido por los enviados del Sanedrín gracias a Judas le da un beso (el famoso “beso de Judas”); mientras que en Juan no hay oración, Jesús sale al encuentro de los que venían a capturarle, los asusta y no hay beso. Así también, los sinópticos dicen que los judíos juzgaron a Jesús en la casa del sumo sacerdote Caifás, mientras que Juan dice que primero fue llevado donde el suegro del anterior, Anás, interrogado y luego llevado ante Caifás. Por otro lado, en Mateo, Marcos y Juan sólo Pilatos juzga a Jesús, mientras que Lucas agrega una entrevista con Herodes Antipas, gobernante de Galilea. Luego, en la crucifixión, los sinópticos difieren con Juan en cuanto a las palabras que dijo Jesús colgado en la cruz, tampoco se ponen de acuerdo que escribió Pilatos en el letrero que pusieron sobre la cabeza del condenado, teniendo cada uno su versión, o si los dos ladrones que también estaban crucificados insultaban a Jesús o uno lo hacía y el otro lo defendía. No obstante, a la hora de la muerte es donde encontramos las diferencias más groseras, porque Mateo dice que el velo del templo se rasgó, que hubo un terremoto y que los muertos se levantaron de sus tumbas (¿Zombis?); Marcos sólo habla del corte en velo del templo; Lucas habla de que el cielo se oscureció y del velo; mientras que Juan no nota nada extraordinario, sólo agregando que un soldado le clava la lanza en un costado al nazareno para asegurarse de que estaba muerto.


La resurrección por su parte es todo un caso. Según Mateo, el domingo va María Magdalena con otra María a la tumba, hay un terremoto (Mateo tenía una fijación), ven un ángel sentado sobre la roca de la entrada y  después aparece Jesús, yendo luego a las mujeres a avisarle a los apóstoles. Marcos, por su parte, suma una tercera mujer al grupo llamada Salomé, ven la roca removida y se encuentran un joven dentro de la tumba, apareciéndose luego Jesús sólo a María Magdalena. Lucas cuenta de un grupo de mujeres (no aclara cuantas) que encuentran la tumba vacía y a las que se les aparecen dos hombres anunciándoles la resurrección. Por último, Juan cuenta que sólo María Magdalena fue a la tumba, la encuentra vacía y corre a avisarles a Pedro y Juan, quienes también corren a la tumba a ver lo que había pasado. En el intertanto, a María Magdalena se le aparece Jesús, pero ella no le reconoce. Luego de esto, los evangelios tampoco se ponen de acuerdo en el número de apariciones que hace Cristo después de resucitar, pues Mateo habla de una, Lucas y Marcos de dos, mientras que Juan de tres, implicando que hubo otras que no fueron registradas.


Pero estas son sólo algunas de las diferencias que encontramos cuando comparamos los distintos evangelios, pero si los miramos por separado a cada uno podemos encontrar varias cosas incomprensibles. La semana pasada ya les hablé de como Lucas une el reinado de Herodes el Grande y el censo de Quirino, dos hechos separados por 10 años; pero también tenemos el caso de Juan el Bautista, quien bautiza a Jesús en el Jordán y es testigo de cómo se abren los cielos, baja el Espíritu Santo en forma de paloma y una voz en estéreo declara que ese sujeto es el hijo de Dios. No obstante, al tiempo, cuando el Bautista está encarcelado, envía a algunos de sus discípulos a preguntar acerca de si Jesús era el Mesías o debían seguir esperando. Y nadie se ha preguntado cómo Pedro reconoce a Elías y Moisés durante la transfiguración (milagro en que Jesús sube a un monte y comienza a brillar mientras dos figuras aparecen a su lado) si no tenía forma alguna conocer sus apariencias físicas. Y sólo se tiene que buscar un poco para encontrar otros ejemplos.


Ahora, muchos han intentado justificar de una u otra manera estas diferencias. Algunos dicen que los evangelistas no quisieron repetir las mismas cosas una y otra vez; cosa que en realidad ocurre mucho, incluso habiendo copias literales de un sinóptico a otro. También se ha dicho que Lucas tiene más datos acerca de la infancia de Jesús debido a que se entrevistó con la misma María, lo cual no explica por qué el médico no se enteró de la visita de los sabios de oriente, de la matanza de los inocentes o del viaje de la familia de Jesús a Egipto… ¿O quizá Mateo se inventó todas esas cosas? La duda queda planteada.



Pero antes que alguien diga que he dejado de lado el mensaje de Jesús, quiero aclarar que este es un análisis de los evangelios como textos biográficos e históricos, no doctrinal, que eso es harina de otro costal, y no soy teólogo ni me interesa serlo. Descartando esto, volvamos al ejemplo de los historiadores de la revolución francesa; ya dijimos que ambos deben contar la misma historia, pero la pueden matizar con sus puntos de vista personales. No obstante, qué pasaría si uno de ellos decide no hablar de la toma de la Bastilla, mientras que el otro obvia a personajes como Danton o Robespierre, o que cambiaran el orden de los hechos, no poniéndose de acuerdo acerca de quién enfrentó primero la guillotina, si Luis XVI o María Antonieta. Obviamente, tendríamos que llegar a la conclusión que son muy malos historiadores y/o que están manipulando la información. Es por eso que cuando alguien dice que los evangelios son libros históricamente rigurosos, sencillamente está hablando desde la trinchera de sus convicciones religiosas y no desde la razón. Los evangelios no pretenden darnos datos fidedignos, ni ubicarnos en un contexto histórico creíble; los que buscan en convencer al lector de que el sujeto del cual hablan es un dios encarnado, por lo que se trata de simple propaganda.

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