lunes, enero 09, 2017

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: La Historia de Jesús.


En muchos de los artículos de este blog he atacado las creencias supersticiosas de los llamados cristianos, ya sea de forma directa o indirecta, pero esto no se debe a un odio especial, sino que se trata de la religión que más influencia tiene en el lado en el cual me tocó vivir, así que es obvio que los ateos del hemisferio occidental se verán enfrentados preferentemente con la fe de Cristo. Pero llega el momento en que por obligación tenemos que preguntarnos ¿Quién era este sujeto al que un tercio de la población mundial considera dios? Pues acá hablaremos acerca de lo que se cree saber, lo que se ha inventado y los pocos datos fidedignos acerca de Jesús de Nazaret.

La mayoría de la gente ha de conocer la historia oficial, y si no esa persona no es humana y viene de otro planeta. Tenemos un montón de películas en que vemos a ángeles anunciando el nacimiento de Jesús, tanto a su madre María, como a su padre adoptivo, José. Luego sigue con el pesebre, los Reyes Magos, la huida a Egipto, la matanza de los inocentes, los años desconocidos donde sólo tenemos noticias de su visita al templo y saltamos al comienzo de su vida pública. Acá es donde la cosa se pone interesante y tenemos curaciones maravillosas, exorcismos varios, dos multiplicaciones de peces y panes, resurrecciones y conflictos con las autoridades religiosas. Debido a esto, los principales sacerdotes le ponen una trampa, Judas lo traiciona y Jesús termina crucificado por orden de Poncio Pilatos. A los tres días de enterrado resucita y se aparece a sus seguidores encargándoles que esparzan su mensaje por el mundo, subiendo al cielo al final de la historia.


Lo anterior es un resumen bastante grosero de lo que nos cuentan los cuatro evangelios que son aceptados por las diferentes denominaciones cristianas, cada uno adjudicado a un personaje que tuvo contacto directo o indirecto con Jesús. El primero es de Mateo, el recaudador de impuestos que se volvió uno de los doce apóstoles; luego tenemos a Marcos, quien supuestamente era un adolecente que conoció a Jesús y que de adulto fue discípulo de Pedro en Roma; el tercero en escribir fue Lucas, un médico que se encontraba entre los cercanos de Pablo de Tarso; mientras que el último es Juan, el apóstol más joven de los 12 y autodefinido como “al que Jesús más amaba”.


Ahora, hay problemas en cuanto al origen y forma del relato de los evangelios. Sabemos en la actualidad que estos cuatro evangelios son muy posteriores a la ocurrencia de los hechos que cuentan, al menos por unas 5 décadas según los estudios más conservadores. Esto, sumado a la esperanza de vida de un judío del siglo I, hace realmente imposible que los personajes anteriores sean los autores de estos libros. No obstante, hay estudiosos que van mucho más allá, diciendo que los actuales evangelios son mucho más tardíos que lo que la tradición contempla, siendo las copias más antiguas hoy conocidas no más antiguas que del siglo III. Por otro lado, su calidad como biografías es, por decirlo menos, deficiente. Se trata de propaganda expresamente escrita para demostrar que Jesús es el mesías anunciado por los profetas del Antiguo Testamento, por lo que no se le puede dar casi ningún crédito a lo que nos cuentan.


Y es acá donde la investigación científica choca contra los evangelios, pues si bien en ellos hay mucha información que contextualiza la historia de Jesús en el marco adecuado al siglo I en Judea, los datos que nos entregan no pasan ningún análisis exhaustivo. Se dice que Jesús nació a finales del reinado de Herodes el Grande, pero da la casualidad de que Herodes murió en el año 4 antes de Cristo, por lo que es más que obvio que el cálculo del comienzo de la Era Cristiana a cargo del erudito del siglo V Dionisio el Exiguo fue errado. Y si queremos buscar más incongruencias tenemos en cuento del censo que ordenó el Emperador y que es la razón por la cual la familia de Jesús se mueve de Nazaret a Belén. En primer lugar, el censo no fue en todo el Imperio como dicen las escrituras (Lucas, cap. 2) sino sólo en los territorios que dependían del gobernador romano de Siria Publio Sulpicio Quirino, el cual se llevó a cabo el año 6 de la Era Cristiana. Así, los hechos que pretenden darle un marco histórico al nacimiento de Jesús (Reinado de Herodes y censo de Quirino) están separados por más o menos 10 años.


En cuanto a la historia de su martirio y muerte en la cruz, incluso acá las cosas no cuadran. Se le acusó de ser un agitador público, proclamándose Rey de los Judíos, y es esta la razón por la que Pilato y los líderes del sanedrín lo cuelgan de una cruz, pero esta ejecución es un enorme sinsentido. La crucifixión es uno de los peores métodos de aplicación de la pena capital que alguna vez se le ocurrió al hombre, pues el condenado es colgado a un árbol, con los brazos tirantes para que cada vez le cueste más respirar, a veces se le fija a la madera con clavos, se le priva de cualquier sustento de alimento o bebida y se le muestra desnudo ante todos los que pasan, expuesto a la inclemencia de los elementos y la sorna de populacho. Es una muerte lenta, extremadamente dolorosa y humillante, que puede tardar varios  días en llegar; pero se da la casualidad en el relato de los evangelistas que Jesús sólo estuvo en la cruz unas cuantas horas, totalmente insuficientes para causarle la muerte. Hay casos de condenados a la crucifixión que fueron perdonados y bajados de la cruz luego de estar días colgados y que con los cuidados médicos necesarios sobrevivieron y se repusieron de la tortura. Y no me vengan con eso de los romanos tuvieron especial encono en maltratar a Jesús, pues para ellos era sólo un judío loco más.


Entonces, sumando imprecisiones y datos que son imposibles de contrastar en su realidad (milagros), tenemos que las principales fuentes de información acerca de ese sujeto llamado Jesús son casi nulas en confiabilidad. Es por ello que debemos recurrir a fuentes fuera del cristianismo, donde quizá encontremos una visión imparcial del personaje que queremos conocer. Es así que damos con la obra del historiador judío romanizado del siglo I Flavio Josefo, al cual se le atribuyen dos menciones de en su colección de libros acerca de la historia de los judíos titulada como “Antigüedades Judías”. La mención que causa menos polémica entre los estudiosos es la que aparece en segundo lugar, en la cual se habla de Santiago, hermano de Jesús y de otros que son condenados por el Sanedrín de Jerusalén a morir apedreados. Por otro lado, el párrafo que sí ha generado controversia es el siguiente:

 “Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, si es que es lo correcto llamarlo hombre, ya que fue hacedor de milagros impactantes, un maestro para hombres que reciben la verdad con gozo, y atrajo hacia él a muchos judíos, y a muchos gentiles además. Era el Cristo. Cuando Pilato, frente a la denuncia de los principales entre nosotros, lo había condenado a la cruz, aquellos que le habían amado primero no le abandonaron, ya que se les apareció nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre él los santos profetas. La tribu de los cristianos, llamados así por él, no ha cesado de crecer hasta este día”.


Para la mayoría de los historiadores, la parte del texto anterior en negrita y subrayado fue agregada por copistas cristianos con mucha posterioridad, aunque hay quienes denuncian como apócrifo el párrafo completo, aduciendo que Josefo era judío, con ninguna razón para proclamar a Jesús como el mesías que daba cumplimiento a las profecías. Sencillamente el párrafo suena demasiado a como si un fanboy lo hubiera escrito, además que no calza con la visión distante y desapasionada que Josefo tiene de los hechos que relata.

Flavio Josefo

Entonces ¿Dónde más buscar información acerca de Jesús? pues durante los siglos XIX y XX se sucedieron varios descubrimientos de antiguos textos que en algún momento fueron tenidos por sagrados en la comunidades cristianas primitivas pero que luego fueron eliminados debido a que una de las corrientes de pensamiento dentro de esta religión se impuso sobre las otras. Entre estos textos se encontraba un gran número de evangelios cuya autoría era adjudicada a diferentes personajes que tuvieron contacto con Jesús, entre los que podemos contar a Pedro, Santiago, María Magdalena, Judas Iscariote, Pilatos, Nicodemo y un largo etcétera. En ellos se daban varios detalles biográficos de Jesús, algunos de lo cuales entraban en conflicto con las versiones de los 4 evangelios canónicos, mostrándonos versiones alternativas a las enseñanzas de Jesús, una relación amorosa con María Magdalena, distintos apóstoles que fueron tenidos en más aprecio por Jesús que al resto y mensajes secretos con cierto tufillo gnóstico. No obstante, estos textos nos sirven para conocer las diferentes creencias de las muchas corrientes cristianas que existieron en un principio, pero su valor biográfico es igual al de sus contrapartidas canónicas, o sea, ninguno.

Páginas del Evangelio de Tomas

Así que pareciera que encontrar un dato fehaciente acerca de la vida de Jesús es un constante chocar contra textos de nula historicidad o falsificaciones descaradas. Obviamente, con estos antecedentes generaron teorías acerca de que el personaje del carpintero galileo era un invento, tan real como nuestros actuales superhéroes. Una de estas teorías anda hace un tiempo pululando por internet y dice que Constantino, el primer Emperador Romano en profesar la fe de Cristo, fue el inventor de todo esto.

Emperador Constantino El Grande
La teoría dice que Constantino, cuando se hace con el poder del Imperio, inventa una religión que le ayude reinstaurar el orden en el decadente mundo romano. Para ello toma ideas del judaísmo, del gnosticismo y de la religión del Dios Sol romano y las mezcla, creando a Jesús a partir del arquetipo de antiguas deidades, como Osiris, Horus, Tamuz o Adonis. Incluso hay quienes dicen que el mismo Constantino se sacó su toga purpura y se puso un hábito blanco, proclamándose la cabeza de la nueva iglesia como Papa. Ahora bien, muchos estudiosos concuerdan en que la imagen de Jesús reúne los atributos de muchos dioses y héroes solares de la Antigüedad, lo cual denota que el personaje que conocemos en la actualidad es producto del sincretismo y no de un ser humano real; sin embargo, la teoría de la invención de Constantino se cae a pedazos ante lo que sabemos de la historia. En primer lugar, si bien no tenemos datos fidedignos de Jesús, si los hay de las primeras comunidades de creyentes durante los siglos I al III, por los que en la época del Constantino (siglo IV) hacía mucho que existían un montón corrientes diferentes del cristianismo; el Emperador lo único que hizo fue imponer una de estas corrientes y declarar las otras herejías. En cuanto a que Constantino fue el primer Papa, esto no tiene ningún sustento histórico, pues sabemos que en ese tiempo el obispado de Roma era ejercido por Silvestre I.

Supuesta visión de Constantino antes de la batalla del Puente Milvio 
Otra teoría peregrina que se ha hecho popular en la red es la de por qué representamos a Jesús como un hombre caucásico de barba, bigote y cabello lacio de color castaño. Lo que muchos pregonan es que es Leonardo Da Vinci quien creó esa imagen de Jesús, la cual estaría basada en un asistente y amante del pintor, o que en Cesar Borgia, el intrigante hijo del funesto Papa Alejandro VI. También hay quienes cambian al artista, asignando a Miguel Ángel la creación del rostro de Cristo, hablando también de un asistente o de Borgia como los inspiradores. No obstante, la verdad es que ese sujeto con mirada placida, cabellos y barba de hippie y un halo en la cabeza venía siendo asociado con Jesús de principios de la Edad Media. La imagen nace en Constantinopla, siendo conocida como Pantocrator, pudiéndose ver sus diferentes versiones en las iglesias ortodoxas del oriente de Europa. No se tiene claro qué inspiró esta imagen, pero hay estudiosos que postulan a diferentes Emperadores bizantinos como modelos, mientras que para otros está inspirada en el Zeus de la mitología griega, pues a diferencia de la concepción moderna que nos ha entregado el cine, Zeus no era un anciano de pelo blanco, sino un hombre adulto que redondeaba la medianía de la treintena, en la plenitud de su potencial físico y mental.


Entonces, luego de ir a diferentes fuentes ¿qué nos queda? Pues se debe decir que el personaje del que nos hablan los evangelios, tanto canónicos como apócrifos, es la invención de quienes escribieron esos textos, no guardando ninguna relación con la realidad. Ahora, esto no quiere decir que no haya existido un sujeto que recorrió los caminos de la Judea del siglo I predicando, pero a ciencia cierta no sabemos nada de él más allá de especulaciones. Es tan posible que Jesús de Nazaret sea una completa invención, o que haya sido una persona real, pero totalmente diferente a lo que nos pintan. Pudo haber sido el carpintero iluminado que habló del reino del cielo, un loco que fue capaz de engañar a miles, un subversivo que quiso ser rey y luchar en contra del dominio romano, o la composición literaria de uno o varios autores en que se mezclaron las características de varias otras deidades de la Antigüedad. La verdad es que con el material con que contamos, nada podemos asegurar ni descartar.


Lo que sí sabemos a ciencia cierta que existió desde el siglo I fue la religión que dice ser fundada por este misterioso Jesús. Una fe que tomó las profecías de la religión judía y la mezcló con gnosticismo para crear su base ideológica. A poco andar los cristianos se dividieron en diferentes corrientes de pensamiento, en la que la imagen de Jesús era el foco principal de desacuerdo; hubo quienes pensaban que era un profeta más, un semidiós, un ángel enviado a pregonar la palabra de dios, una figura simbólica que representaba la busca de conocimiento (gnosis) o un dios encarnado. Al final, cuando Constantino decide aliarse con el cristianismo, buscando una religión que ayude a cohesionar un Imperio que comenzaba a resquebrajarse, se da cuenta de que ellos también se encuentran divididos, así que pone orden en la casa y se deshace de todas las corrientes con ideas más radicales y que tengan más influencia del gnosticismo pagano. Es así como nace el cristianismo que conocemos en la actualidad.

Concilio de Nicea convocado por Constantino 
Pero toda esta enrevesada historia de carpinteros que son dioses y vírgenes embarazadas al final nos deja algo en que pensar. A pesar de no contar con pruebas acerca de su verdadera existencia, los cristianos no dejarán de creer en Jesús ni de seguir sus enseñanzas… aunque si leemos con detención nos encontraremos con ciertas sorpresas ¿Saben que Jesús nunca dijo nada en contra de los homosexuales? Ni una sola palabra acerca de ellos, sino que todos los prejuicios hacia ellos vienen del Antiguo Testamento (donde Yahveh te mandaba a matar hasta por que se te escapó un pedo) o por el homofóbico de Pablo de Tarso, quien influenció más al cristianismo que el mismo Jesús ¿Y eso de dar parte de nuestro dinero a la iglesia?... pues tampoco lo dijo Jesús, quien parecía llevarse muy mal con las castas sacerdotales judías, principalmente debido a que se hacían ricas a costa del pueblo llano. Y, sorprendentemente, tampoco era de esos de mandar al infierno de buenas a primera a la gente, sino que hablaba de perdón, de caridad, de poner la otra mejilla, de ser mansos y cosas muy hippies, alejado de esos fanáticos iracundos que enarbolan la biblia y el nombre de Cristo para condenar a todo el mundo, pregonar la ignorancia y llamar a los fieles a llenar sus bolsillos con dinero.


En fin, llevo casi dos semanas investigando para encontrar al verdadero Jesús detrás del sujeto que caminaba sobre el agua, y no encontré algo que me diera indicios de un ser humano real. No es que pensara que hallaría la prueba irrefutable acerca de su existencia, pues estoy consciente de que sólo soy un blogger más que investiga en la red; pero por lo menos esperaba algún dejo de historicidad y no sólo propaganda o falsificaciones descaradas. Al final, nuevamente nos encontramos con que esto es un asunto de creer sin pruebas, de apagar nuestro raciocinio, de cerrar los ojos frente a realidad y taparnos los oídos cantando una alabanza… o sea, un asunto de fe.

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