miércoles, diciembre 21, 2016

Soy Uno con la Fuerza y la Fuerza está Conmigo: Rogue One: Una Historia de Star Wars




La semana que pasó todo el mundo se volcó con expectación a las salas de cine para ver la nueva película ambientada en el universo de Star Wars, siendo en esta ocasión un spin off titulado “Rogue One: Una Historia de Star Wars”, la cual no está considerada dentro de los capítulos de la saga, sino que se trata de una historia paralela que ocurre entre el episodio III y el IV, contándonos cómo un grupo de rebeldes roban los planos de la primera Estrella de la Muerte. Hoy hablaremos de esta película.

Como siempre, en estas reseñas no suelo guardarme nada, así que les advierto que viene con spoilers incluidos. No obstante, antes de que dejen de leer porque no has visto la película y no quieres que te arruine la sorpresa, debo hacer un descargo. La semana pasada leí la crítica publicada en la página web del diario El País de España escrita por Carlos Boyero. En este artículo se dijo que la película era un insufrible aburrimiento, una nueva forma de sacarle dinero a una saga que dejó hace tiempo de ser interesante y que no valía la pena verla. Debo decir que no puedo estar en más desacuerdo con el señor Boyero. En primer lugar, me parece que su análisis de la película es de lo más pobre, porque gasta varios párrafos quejándose del vocabulario moderno de las redes sociales y de cómo lo habían criticado el año pasado cuando le dijo “negro” al actor John Boyega, pero no dice realmente nada acerca de por qué la película le pareció mala, arguyendo con una suficiencia intelectualoide que era aburrida y nada más. Por último, para mí “Rogue One” es la mejor película que he visto en este años, así que les recomiendo que se den un tiempo para ir al cine a verla. Ahora vamos con los spoilers.

 
Es  extraño sacar una película completa de uno de los párrafos de la introducción de “La Nueva Esperanza”, donde se cuenta que un grupo de rebeldes lucharon para robar los planos de la nueva arma de destrucción masiva construida por el Imperio; pero la verdad es que esto le da un marco a la historia que nos cuenta el film y una enorme libertad de desarrollo, lo cual es aprovechado plenamente por los guionistas Chris Weitz y Tony Gilroy, quienes se inspiran en las películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial en las que un comando formado por granujas (Dirty Dozen) van a hacerse con algún secreto militar de los nazis. Y es acá donde empiezan las diferencias con el común de las películas de Star Wars, porque la concepción maniquea de los buenos y los malos que este universo suele mostrar en sus películas (no así en su universo ampliado, donde se ha tenido más libertad para hablar de ambigüedades morales) se relaja, dejándonos ver cómo los rebeldes pueden hacer cosas reprobables en pos de una causa justa.


Todo empieza con el brillante científico imperial Galen Erso (Mads Mikkelsen) que ha desertado para no ser parte del proyecto Estrella de la Muerte y se ha escondido con su familia en un alejado planeta donde viven como granjeros. No obstante, el director Orson Krennic (Ben Mendelsohn) le encuentra e intenta tomar a su familia como rehén para obligarlo a volver al proyecto. Pero las cosas salen mal, la mujer de Erso muere y su hija Jyn  (Felicity Jones) se oculta, por lo que Galen decide ir con Krennic para darle una oportunidad Jyn, quien es rescatada por el fanático rebelde Saw Gerrera (Forest Whitaker).
La historia se salta casi dos décadas para mostrarnos cómo un oficial de inteligencia rebelde, el capitán Cassian Andor (Diego Luna), rescata a Jyn de un campo de trabajo imperial y la lleva a la base rebelde de Yavin IV, donde le piden que les ayude a contactar a Saw Gerrera, quien capturó a un piloto desertor que le ha entregado un mensaje de Galen Erso.


Esto es a grandes rasgos lo que nos va planteando la película, la cual avanza en dos historias que confluyen al final. Por un lado tenemos a Jyn y Cassian, quienes deberán sortear todo tipos de problemas, tanto entre ellos como con los imperiales, para llegar a armar una misión comando que busca de los planos de la Estrella de la Muerte. Mientras, por el otro lado esta Krennic, quien ha perdido el poder sobre su proyecto ante el Grand Moff Wilhuff Tarkin (interpretado por el resucitado Peter Cushing) y busca volver a la primera línea de la jerarquía imperial.


El filme comienza de una forma bastante atípica para una cinta del universo de Star Wars, siendo la primera que muestra un salto temporal bastante amplio entre la niñez de Jyn y cuando la vemos ya adulta. Además, se toma su tiempo en establecer el contexto, presentar a los diversos personajes y detenerse en ocasiones para mostrar algún guiño a los fanáticos, sin que esto último sea molesto. Muchos dicen que empieza demasiado lento, pero estoy en total desacuerdo. La verdad es que agradezco que la película se tome su tiempo, que no se desboque en busca de mantener la ilusión de tener al espectador montado en una montaña rusa que al final deja un montón de hoyos argumentales que son disfrazados por esta acción trepidante. En este caso ¿Cuántos grandes hoyos argumentales pueden encontrar en Rogue One? Pues la verdad es que yo ninguno. Ahora, si te pones quisquilloso puedes encontrar detalles mínimos, pero los grandes vacíos que otras películas muestran no, porque se dan el tiempo para desarrollar tranquilamente la trama.


Y una de las cosas que más aprecié fue la cinematografía. Fui al cine con mi mujer y ella, que es mucho más fan que yo de la saga y más entendida en técnicas de cine, quedó encantada con la película. Y la verdad es que en esta ocasión el montaje no te deja sólo como un espectador distante, sino que en muchas veces te sientes inmerso en la acción. El montaje de las tomas es dinámico y de muy bella fotografía, en especial por los detalles que vemos de la superficie planetaria o en los nuevos escenarios en la superficie. De hecho, muchos comentarios hay acerca de que esta película se puede poner a la altura de la trilogía original, pero yo creo que se quedan cortos, pues es cinematográficamente superior a las 7 anteriores. Un gran punto a favor para el director Gareth Edwards.


En cuanto a los efectos especiales, la batalla final debe de ser una de las mejores que se han rodado en toda las películas de Star Wars, tanto en el espacio como en la tierra. Pero debo decir que no fue lo que me sorprendió más, pues a estas alturas la espectacularidad es algo esperado para una cinta de esta saga espacial. Acá la buena factura de los efectos se debe ver en lo sutil y esto es representado en Tarkin. Ver a Peter Cushing actuando en la pantalla grande después de estar 22 años muerto fue algo que me sorprendió y me llenó de nostalgia. Soy un fanático del cine clásico de terror, y uno de mis actores favoritos fue Cushing, por lo que me costó en algunos momentos darme cuenta de que su cara era un montaje de CGI sobre el rostro de otro actor. Algunos dirán que vieron uno que otro detalle que acusaba el uso de CGI, pero eso es porque se estaba muy atento. Hay gente que no conoce a Cushing que ni se enteró que ese actor que estaba en escena había muerto en 1994. Es un gran logro de la tecnología moderna traer a la vida a Peter Cushing.


Y dentro de las críticas que he leído, he visto las de algunos fanáticos que se quejaron que esto no es Star Wars, que subvierte todo lo que la saga representa, eso de la lucha entre el bien y el mal y cosas por el estilo. Y la verdad es que puedo entender esas críticas, pues la película los saca de su zona de confort, pues se echa al bolsillo todo esto de los héroes inmaculados que luchan contra un mal abyecto y nos trae a un plano donde la moral es relativa. Si bien los rebeldes luchan por la libertad en contra de una dictadura tiránica, no por ello se niegan a hacer todo lo que sea necesario por la causa, incluso si esto es reñido con la ética. Y esto nos entrega una nueva visión del mundo de Star Wars, más realista y humana, aunque no del todo extraña para quienes hemos buceado por el universo ampliado, o Legend como le llaman ahora, donde este tipo de historias ambiguas moralmente eran más comunes.


En cuanto a las actuaciones, todas me parecieron a la altura de lo que se pide, mostrándonos personajes multidimensionales, que si bien no los conocemos a fondo, si entendemos por qué están ahí y nos sentimos identificados con ellos. Dos casos son dignos de especial mención, como lo es el monje ciego experto en artes marciales Chirrut Îmwe (Donnie Yen), quien protagoniza excelentes coreografías de pelea en la película, y el androide K-2SO (voz de Alan Tudyk) que aporta con toques de humor que parecen ser fortuitos e inteligentes, por lo que no desperfilan a la película. También siempre es bueno mencionar el trabajo de Mads Mikkelsen, quien siempre nos muestra excelentes actuaciones. En cuanto a los protagonistas, Felicity Jones es el hilo conductor de la historia, mientras que Diego Luna es quien le da carácter al grupo. En el bando contrario, el principal villano es complejo y creíble, siendo Krennic un ambicioso burócrata que ve cómo le están robando su momento de gloria.


Y este film está tan bien hecho que no sólo se encarga de mostrarnos una historia redonda y congruente, sino también le da sentido a la saga original, llenando algunos huecos que siempre nos parecieron incomprensibles de la trama. Además, se convierte en el eslabón que une de manera perfecta los episodios III y IV, haciendo un viaje de la desolación y la opresión al nacimiento de la esperanza. 


En conclusión, esta película no sólo es la mejor que he visto este año, sino que le saca varios cuerpos de distancia al Episodio VII y su obsesión por replicar todo lo que ya se había hecho. De hecho, creo que puede ir a pelear con “El Imperio Contraataca” por el título de la mejor cinta de Star Wars.
Así pues, cuando Disney casi me había quitado las esperanzas, se presenta esto y me da una bofetada en la cara recordándome que existe originalidad en los creadores y que el cariño que estos sienten por la saga hace que exploren nuevos y fascinantes caminos en esta galaxia muy lejana.

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