miércoles, diciembre 14, 2016

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Nuestra Señora de Guadalupe



 



Anteayer fue 12 de diciembre, y como todos los años, desde hace casi cinco siglos, en México se lleva a cabo una de las fiestas religiosas más grande de este lado del mundo. Se trata de la conmemoración de la aparición de la Virgen María en el monte Tepeyac ante el indígena chichimeca Juan Diego Cuauhtlatoatzin, ocurrida en dicha fecha pero en 1531. Hablemos un poco de todo lo que rodea a esta supuesta aparición y a la imagen supuestamente maravillosa de María que es venerada en la basílica de Guadalupe.

Esta es una de los hechos más significativos de la evangelización forzosa de América, pues es la primera aparición mariana a este lado del mar, sirviendo de plataforma propagandística para la conversión de los indígenas de toda Hispanoamérica. Quién podría poner en duda el deseo de dios  de que estas tierras fueran cristianizadas cuando su propia madre se presentó acá, asumiendo la apariencia de una nativa, para pedir que se levantara un templo en su nombre.

Basilica de Guadalupe

Pero partamos con la historia desde el principio. Los conquistadores españoles habían logrado terminar con el imperio azteca en un lapso bastante corto, ocurriendo esto entre 1519 y 1521, año último en que cayó la capital azteca de México-Tenochtitlan. No obstante, en las siguientes décadas se da un proceso más profundo y lento, en el cual se busca que los pueblos conquistados sean asimilados cultural y religiosamente por el Imperio Español, obligando a los naturales del lugar a dejar sus antiguas tradiciones y a transformarse en ibéricos de segunda mano.


Es en este contexto, 10 años después de la desaparición de una de las civilizaciones más importantes que viera nacer nuestra tierra americana, que un indígena chichimeca converso cuyo nombre original era Cuauhtlatoatzin (“Águila que Habla” en náhuatl) pero que fue rebautizado con el nombre cristiano de Juan Diego, es contactado por la Virgen María en el monte Tepeyac, pidiéndole que se dirigiera a la ciudad de México y hablara con el obispo Juan de Zumárraga para indicarle que se debía construir un templo en su honor en el lugar de la aparición. Obviamente, monseñor Zumárraga no iba a creerle a un indio, así que no le escucho. En vista de esto, la Virgen se le aparece en 3 ocasiones más a Juan Diego, pero en las dos siguientes no consigue repuesta positiva del prelado, por lo que en la última ocasión le dice a Cuauhtlatoatzin que le lleve unas flores que ella ha hecho crecer milagrosamente en lo alto del monte, cosa que el indígena obedece, guardando las flores en una bolsa improvisada que hizo con su tilma, una especie de capa o toga que usaban los indígenas y que estaba hecha de una tela confeccionada con fibras de maguey.


Y es acá donde ocurre el milagro, pues Juan Diego llega con el obispo y abre su tilma para que esta vea las flores, pero se encuentran que en la capa ha aparecido una imagen de la Virgen María que muestra ciertas particularidades, pues se trata de una chica morena, con aspecto de indígena, rodeada por ratos de luz dorados, cubierta con un manto azul en el que están estampadas las estrellas del cielo y parada sobre una luna creciente que es sostenida por un querubín. Ante esta maravillosa aparición, al obispo Zumárraga no le quedó más que aceptar lo dicho por Juan Diego y se construyó la iglesia que María pidió, la cual irá creciendo hasta ser la actual basílica de Guadalupe, donde aún se guarda y se venera la tilma de Juan Diego Cuauhtlatoatzin en la que aparece la imagen milagrosa de la Virgen.


Muchas veces a los que no somos mexicanos nos cuesta entender la importancia que tiene la Virgen de Guadalupe para ellos. Cuando comenzó el movimiento independentista en el siglo XIX, fue un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe la que enarbolaron los que deseaban zafarse del dominio español. Durante la época en que México coqueteó con la monarquía imperial, los soberanos usaron nuevamente a la Virgen como símbolo. Incluso en el día de hoy, la Imagen de la Virgen de Guadalupe se ha transformado en un icono de la cultura popular, siendo usada en camisetas y portadas de discos de rock. La imagen de la Virgen en la tilma se ha transformado en un símbolo nacional tan característico como la bandera, los corridos, los charros o el Chavo del 8.


Ahora, el problema con este tipo de hechos místicos, en especial en el caso de las apariciones de María, es que nunca nos cuentan la historia completa o nos esconden lo que realmente pasó. Ya lo vimos cuando tratamos el caso de las apariciones de Fátima, y acá la cosa no es diferente. En primer lugar, la ocurrencia histórica de las apariciones del Tepeyac nunca se ha comprobado, pues si bien existe un libro llamado Huei tlamahuizoltica, que fue escrito en náhuatl con caracteres latinos, fue publicado recién 1649, 118 años después de las supuestas apariciones. Ahora, la pregunta obvia que nos hacemos en este momento es: ¿Existen menciones anteriores en documentos acerca de la existencia del templo o de la imagen de la María? Y la respuesta es sí, pero no se habla de pinturas milagrosas ni nada parecido.


Volvamos a 1531. Los españoles están arrasando con una civilización e imponiendo su forma de vida los indígenas, cosa que no es tan simple ni se logra de la noche a la mañana. En el ámbito religioso, los misioneros han encontrado una manera de que esos salvajes se adapten mejor a la fe de Cristo, construyendo iglesias sobre los antiguos templos y lugares sagrados aztecas. Y acá hay un detalle muy importante, porque en el monte Tepeyac existía un templo que estaba dedicado a una deidad muy especial de nombre Coatlicua, la diosa madre patrona de la fertilidad y la tierra, quien dio a luz a las estrellas del cielo y la luna, además de ser la madre del gran dios solar Huitzilopochtli, quien fue engendrado sin mediar acto sexual. Es obvio que hay muchos puntos en común entre Coatlicue y la Virgen de Guadalupe, varios se pueden encontrar en la iconografía guadalupana, con estrellas y lunas; o en la gestación sobrenatural de un dios. De hecho, los aztecas se referían a Coatlicue como Tonantzin (nuestra adorada madrecita), nombre que luego adquirió la Virgen de Guadalupe. 

Estatua de Coatlicue

Por otro lado, se insiste que se trata de un culto de raigambre puramente americana, pues la Virgen se muestra morena para identificarse con los indígenas, sus nuevos hijos. De hecho, se dice que el nombre Guadalupe viene del náhuatl coatlaxopeuh, que se traduce como “la que pisa la serpiente, lo cual hace un paralelo con una frase del Génesis en que los católicos ven como una profecía acerca de María: “Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre su descendencia y la tuya. Ella te pisará la cabeza y tú herirás el talón” (Yahvé maldice a la serpiente. Génesis cap.3 ver. 15). No obstante, la verdad es mucho más sencilla. Los españoles que llegaron a conquistar América sentían una especial devoción por la Virgen Guadalupe en Extremadura, que por una de esas casualidades de la vida es la imagen de una mujer morena. Además, la historia cuanta que la Virgen se le apareció a un pastor llamado Gil Cordero para que vaya donde el Obispo local y consiga que le construyan una iglesia; otra coincidencia. Cristóbal Colón llama Guadalupe a una de las islas que descubre en el Caribe y Hernán Cortés uso un estandarte con una imagen de esta advocación de María cuando invadió México.

Virgen de Guadalupe, Extremadura.

Al final, eso de que María intentó parecerse a los morenos habitantes de este continente es sólo un cuento. La verdad es que los católicos tomaron a una diosa antigua azteca, le quitaron todas las características que eran incomodas para el cristianismo y la mezclaron con una Virgen que venía acompañando a los conquistadores desde que llegaron a estas tierras. Todo lo demás son sólo cuentos para dar un trasfondo místico a una imagen pintada en un trozo de tela. Tenemos el caso  del mismo Juan Diego, a quien muchos historiadores han declarado como un personaje ficticio, incluyendo al abad de la basílica de Guadalupe Guillermo Schulenburg que dijo en 1995 que Juan Diego era más que nada una imagen simbólica que representaba a todos los pueblos indígenas americanos que aceptaron a María como madre. Ahora, al pobre Schulenburg lo sacaron rápidamente de su cargo después de sus dichos, porque Juan Pablo II iba a canonizar a Juan Diego y al Papa no le gustó esto de hacer santos simbólicos.

Canonización de Juan Diego Cuauhtlatoatzin

Pero hay pruebas a las que se pueden echar a mano a la hora de conocer la realidad acerca del verdadero origen del culto guadalupano. En los primeros años de este fenómeno, las crónicas cuentan acerca de un enfrentamiento entre el clero secular, que apoyaba el culto en el Tepeyac, y los franciscanos que lo tildaban de idólatra. En 1551 el franciscano Francisco Bustamante se atrevió en una homilía ante el Virrey y la Real Audiencia a decir que se estaba engañando a los indios al decir que la imagen del Tepeyac era milagrosa, incluyendo en su discurso el nombre del autor de la pintura, un indígena llamado Marcos. También se da la paradoja que en la nutrida correspondencia que se conoce del Obispo Juan de Zumárraga no menciona ni una sola vez el famoso milagro del que fue testigo cuando Juan Diego fue a hablarle.


Pero hay supuestas pruebas de lo milagroso del manto y la imagen que en él se ve. Primeramente tenemos en hecho de que la tela de fibra de maguey se ha mantenido en un estado muy bueno, siendo que la tela de ese tipo no dura más de cincuenta años. Pues ese supuesto milagro se debe a que la tela no está hecha de fibra de maguey, sino de lino, como en 1982 lo dictamino el restaurador José Sol Rosales. De hecho, ni siquiera se trata de una tilma, que como dijimos antes es una prenda que podía usarse como capa o manto. La tela mide 1,72 metros de alto por 1 metro de ancho, así que si yo, que mido 1,78 metros la usara como capa, lo más probable es que tarde o temprano hubiera ido a dar al suelo al tropezarme con el borde que arrastra por el suelo. Esto implica que nunca fue una prenda de vestir, o que Juan Diego medía unos 2,1 metros y no 1,6 que era normal para los indígenas de la época.

Aztecas envueltos con sus tilmas

Ahora, está el cuento de que una pintura como aquella es imposible de realizar, no existiendo restos de pigmentos en la tela ni los trazos del boceto que debió usar como guía el pintor del retrato, lo cual demuestra que fue una obra divina. No obstante, en 1982 Sol Rosales fue capaz de identificar pigmentos minerales y vegetales gracias a un microscopio, rebatiendo lo que en 1979 dijeron dos científicos americanos pagados por un centro de estudios marianos, Philip Callahan y Jody Brant Smith, acerca que de no encontraron rastros de que la imagen hubiera sido pintada por mano humana, después de tomar fotos con una cámara infrarroja. El problema es que las imágenes infrarrojas no proporcionan la información necesaria para dictaminar si hay trazos o pintura, sino que para eso se usa la imagen ultravioleta en combinación con otras técnicas.

Acá se pueden ver algunos deterioros de la pintura

Y tenemos también lo más obvio, y es que para ser una obra de origen divino, en el plano artístico deja mucho que desear. Se trata de una imagen que puede enmarcarse en el estilo barroco hispánico, con una presentación muy poco natural de la postura del cuerpo humano, en especial en la forma en que su cabeza cae hacia un lado y en la postura de sus manos. Muchos han intentado hacernos creer que es casi imposible para un artista humano pintar esa figura, pero es falso. De hecho, es la obra de un pintor del montón y sin que pueda ponerse a la par con grandes obras de arte pictórico que si son extremadamente complejas de reproducir.


Pero nunca faltan otras supuestas pruebas del origen divino de la pintura, algunas que son del todo descabelladas. Tenemos el asunto de la corona que mostraba la imagen desde su origen y que desapareció a finales del siglo XIX de forma milagrosa, que no fue sino una movida política por parte de los obispos de la época para apoyar a los conservadores en su enfrentamiento contra los liberales y de recaudar dinero, siendo la corona borrada de la imagen de la forma más mundana: raspando la pintura. Hay otro que han dicho que si unes las estrellas de manto y agregas otras que no aparecen puedes ver las constelaciones que estaban visibles en el cielo en el momento de las apariciones, no importando que incluyan la Cruz del Sur que no es visible en el hemisferio norte. También está el cuento de que en las pupilas de la Virgen quedaron plasmada la imagen de quienes la vieron por primera vez, o sea del Obispo Zumárraga y su séquito, pero si miramos las ampliaciones que supuestamente demuestran este maravilloso fenómeno, sólo nos encontramos con manchas que pueden ser lo que nuestra imaginación desea. Se trata del efecto de la pareidolia, que hace que nuestros cerebros vean cosas donde no las hay, como cuando le damos forma a las nubes. Ahora, si un charlatán como el español J. J. Benítez escribió un libro acerca de la supuesta selfie colonial que aparece en los ojos de María, entonces tenemos una seguridad de un 99,999% que se trata de patrañas.

No sé ustedes pero yo veo un perrito con un conejito

Ahora, no quiero que se confunda la intención de este artículo. No quiero insultar a los mexicanos ni a uno de los símbolos de su unidad como país, sino denunciar el hecho de que se le quiera dar un origen sobrenatural a algo que es totalmente mundano. Y puede que hoy esta imagen sea icono de la identidad mexicana en todo el mundo, pero se debe tener claro que en su momento también fue la herramienta que los conquistadores para la asimilación de un pueblo cuya civilización fue arrasada. Recordemos siempre que el cristianismo no vino a tierras americanas como una pacífica religión traída por misioneros, sino por conquistadores que no estaban dispuestos a tolerar ninguna disidencia.

Y no es sólo en ese entonces que esa imagen pintada en una tela tiene una utilidad bastante mundana, pues sigue siendo usada por políticos que quieren quedar bien ante los ojos del pueblo devoto. Por otro lado, a la iglesia no le va para nada mal con este culto, pues millones entran a sus arcas debido a las almas pías que se dirigen a venerar a la madre de Jesús en su versión indígena. Así pues, un pedazo de tela con una pintura se transforma en una herramienta de propaganda y de recaudación económica, cebándose de la credulidad e ignorancia de la gente que aún son engañados por estos cuentos de hadas.   

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