lunes, julio 04, 2016

Warcraft: El Origen... Otra Película de Videojuegos


Después de la sobrepoblación de películas de superhéroes que hubo entre mayo y junio, las cosas cambiaron de foco en el cine y se estrenaron películas de géneros diferentes. Tenemos una nueva versión de la heroína de Lewis Carroll, la continuación de las aventuras sobrenaturales de los sobreestimados Warren y una adaptación cinematográfica de un videojuego que ya es un clásico: Warhammer Fantasy versión Blizzard, o mejor dicho, Warcraft.
Esta reseña tiene spoiler, aunque no son muchos. Así que están advertidos.

Fuera de bromas (por favor, fanáticos, tengan sentido del humor), la película basada en el universo del Warcraft era una de las que más expectativas había generado para este año, lo cual mezclaba el deseo de los fans de ver los parajes de Azeroth en pantalla, con el morbo de quienes recordaban cómo casi la totalidad de adaptaciones de videojuegos al cine han sido bodrios de poca monta. Por ello, los pronósticos para este film iban desde la maravilla más grande del cine de fantasía hasta la mierda más vomitiva que se ha hecho, lo cual, como siempre, responde a lo destemplada que es la opinión sin base de fanboys y haters, pues la realidad siempre es muy matizada.


En primer lugar debo aclarar que mi cercanía al mundo de Warcraft es sumamente tenue. Jugué Warcraft 3 y eso sería todo. No obstante, reconozco que a nivel de videojuegos son una de las franquicias que han envejecido con mucha dignidad, pues supieron cambiar el foco en el momento apropiado, pasando de la estrategia en tiempo real a los RPG masivos online. Hoy “World of Warcraft” es el juego más exitoso del género de aventuras en línea… aunque, siendo sincero, me quedo con la competencia.


Ahora bien, la película que se estrenó hace algunas semanas nos trae una adaptación de la historia del primer juego, presentado en el lejano 1994, en que la acción se concentraba en el conflicto entre la raza de los orcos y los humanos. Los primeros vienen de un planeta moribundo llamado Draenor, del cual están a punto de emigrar con la guía del chamán oscuro Gul’dan a través de un portal que los llevará al fértil planeta Azeroth. Estos orcos han sido corrompidos por una magia demoniaca que les ha cambiado su piel a un color verde, además de aumentar su agresividad y poder físico. Entre ellos, un clan se mantiene libre de la corrupción debido a la decisión de su líder Durotan, quien desconfía del poder que provee la magia.


Por otro lado, en Azeroth hay un reino humano que vive en paz, con relaciones con otras razas y que prospera debido a lo anterior. Estos humanos se ven enfrentados a la violenta invasión de los orcos, por lo que deben organizar rápidamente una resistencia antes de que el grueso de la horda arribe al planeta. En esta lucha se destaca Anduin Lothar, comandante de las tropas humanas, quien, ayudado por un mago de nombre Khadgar y de una semiorca capturada llamada Garona busca alguna solución que ayude a evitar la guerra total entre las dos razas. No obstante, los humanos confían en que el poder del mago más grande de todos, conocido como el Protector Medivh, les salve de los salvajes orcos, sin saber que Medivh esconde un secreto oscuro.


Esto es lo que nos plantea esta película que está dirigida por Duncan Jones, hijo del desaparecido David Bowie, quien se ha declarado públicamente un fanático de Warcraft. Por otro lado, el reparto cuenta con varios actores interesantes, como la estrella de la serie “Vikingos” Travis Fimmel en el papel del comandante humano Anduin Lothar, Toby Kebbell (el Viktor Doom de la última de los 4 Fantásticos) como el jefe orco Durotan, Paula Patton como la semiorca Garona, Ben Foster como el Guardián Medivh y Dominic Cooper como el Rey Llane de Ventormenta. Por otro lado, se cuidaron de traspasar la apariencia del mundo de Warcraft a la pantalla grande de forma congruente, con los escenarios fantásticos del juego, pero quitando los detalles exagerados del diseño de los personajes, que en el juego son más cercanos a una caricatura que se vería buena para una película totalmente animada, pero no para un live action.


Y la verdad es que lo mejor que puedo decir de esta película, tomando en cuenta los antecedentes que tenemos en cuanto a adaptaciones de video juegos (desde la infame “Mario Bros.”, pasando por “Double Dragon”, la serie de “Resident Evil”, “Tomb Raider”, “Street Fighter” y varias que prefiero no recordar), es que no la cagaron. Se apega medianamente a la historia del juego, tratando de mantener su espíritu lo mejor posible.


El primer problema es que nos arrojan de golpe a un mundo que no conocemos y tenemos que ir juntando pistas a lo largo de la película para hacernos una idea acerca de qué mierda ocurre en la pantalla. Este film está obviamente dirigido a fanáticos que conocen al revés y al derecho la trama de los juegos, pero para los que somos público general se vuelve un reto entender lo que pasa. Si se hubieran gastado sólo tres minutos en hacer una escena introductoria explicando que Draenor es un planeta moribundo, que los orcos han sido corrompidos con una magia demoniaca y que ahora buscan emigrar a Azeroth en busca de nuevas tierras nos hubiéramos evitado un montón de diálogos forzados y aburridos que están desperdigados a lo largo de la película y que intentan explicar cosas que ya ni te acordabas que habían ocurrido.


Por otro lado, los personajes no terminan de convencer y en muchos casos son planos. Anduin Lothar no da el ancho para héroe, porque no se puede empatizar con él, ni cuando flirtea con Garona (un romance forzado) o cuando muere su hijo, con él que apenas parece ser cercano. Dos magos que aparecen, Medivh y Khadgar no pasan de ser lanzadores de hechizos (lo dice en un momento Lothar) con comportamientos predecible; mientras que la semiorca es un interés romántico sin mayor relevancia, siendo un nexo fallido entre orcos y los humanos. De todos los personajes sólo puedo rescatar a Durotan, al cual le creo que es un líder honorable preocupado por su gente y por el hijo recién nacido, mientras que el otro que me pareció bien personificado es el Rey Llane, que a pesar de su juventud, da la impresión de ser un líder preocupado por proteger a su pueblo.


Como en la mayoría de los film de este tipo, encontramos varios saltos, vacíos e incongruencias en el guión. Los humanos toman prisionera a la semiorca y de inmediato le creen todo lo que dice, Durotan decide aliarse a los humanos sin tener ningún acercamiento amistoso con estos, o la aparición de ese personaje oscuro que está encerrado en una caja negra y que le dice a Khadgar exactamente lo que necesitaba son recursos fáciles para hacer avanzar la historia a la fuerza.
Ahora, algunos han comparado a la película con “El Señor de los Anillos”, lo cual me parece del todo improcedente. Si bien la saga de Tolkien sirvió de inspiración primaria para la creación del universo de Warcraft, la verdad es que se alejan mucho, en cuanto a fin y calidad. Si hacemos un poco de historia, podemos trazar la genealogía de Warcraft de manera simple. Primero fue “El Señor de los Anillos”, una de las obras más importantes de la literatura universal; luego vino Gary Gygax  que quiso hacer un juego basado en el mundo de Tolkien, pero al no conseguir la licencia creo un rpg fantástico sólo “inspirado” en Tolkien, llamándolo “Calabozos y Dragones”. Tomando las razas que nos muestra Gygax en su juego, la editorial británica Games Workshop crea un juego de miniaturas y rol conocido como Warhammer Fantasy, el cual es el que fue el modelo que tomó Blizzard para su videojuego de estrategia. Como ven, nada es nuevo bajo el sol, pero de todas formas, Warcraft es a nivel de historia muy alejado de “El Señor de los Anillos”. Quienes usan la saga de Tolkien como medida de comparación para esta película no le hacen ningún favor.


La verdad es que “Warcraft: El Origen” es una contradicción en sí, pues debe ser la mejor película que se ha hecho a partir de un videojuego, pero esto no le alcanza para ser una buena película, con largas y aburridas lagunas en la narrativa que son interrumpidas por escenas de acción que están bien hechas. Y es que la historia es demasiado simplona, como si los guionistas hubieran tenido complejos a la hora de adaptar lo que plantea el juego, pues puliéndolo un poco podríamos tener un relato fantástico con valor literario. Por el contrario, se hicieron eco de cierta moda de decir que todo lo más complejo que las colecciones de explosiones hechas por Michael Bay es presuntuosa, intelectualoide y snob, siendo estas ideas las culpables de que la fantasía especulativa esté perdiendo calidad y se transforme en un escapismo vulgar.


¿Vale la pena ir al cine a ver “Warcraft: El Origen”? Pues la verdad es que tiene escenas que han de verse muy bien en la pantalla grande, en especial las panorámicas de Azeroth. No obstante, esto no es suficiente para pagar una entrada al cine. Si eres fanático de Warcraft, da lo mismo lo que diga, pues la película la encontrarás maravillosa y me considerarás un idiota que no sabe nada de cine, pero si eres público en general o un fan con espíritu crítico (de esos que hoy están en extinción) hazme caso, guarda el dinero y acude a una de esas páginas con películas online… hoy los chinos las gravan con una calidad bastante buena.



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