martes, julio 19, 2016

Entre el Sueño y la Pesadilla: Seres Feericos (Parte 7)



 

Como hemos visto hasta ahora, principalmente las hadas y duendes son personajes que medran en los relatos folklóricos de distintos pueblos a lo largo y ancho del mundo. No obstante, es casi inevitable que estos relatos permeen a medios narrativos más sofisticados, siendo la inspiración  para novelas, colecciones de cuentos y, más actualmente, películas, comic o videojuegos.
Ya las obras clásicas tomaron los temas mitológicos para ser adaptados en poemas y cuentos. Las obras de los escritores griegos y latinos están plagadas de ninfas, faunos, centauros y otros, así como también los poemas épicos de celtas y nórdicos. Para la Edad Media, la literatura fantástica toma la forma de romances de caballería, contando las aventuras de los héroes de la corte del Rey Arturo, de los caballeros de Carlomagno o los que emprendieron la reconquista de Tierra Santa. Uno de las encarnaciones de hada en estos textos fue creada por el francés Jean D’Arras en su obra “Mélisine” de 1392. Melusina junto con sus dos hermanas son hijas del Rey de Albion y de un hada, por lo que ellas también lo son. Cuando son pequeñas y se están criando en la mítica Avalon, con sus poderes encierran a su padre bajo una montaña, por lo que la madre las maldice a ser un hada hasta el final de los tiempos y a adquirir la forma de una serpiente de la cintura para abajo todos los sábados. Al final Melusina se casa con Reimundino, un noble del reino de Arturo, a quien le impone sólo la condición de no verse nunca los sábados. Obviamente el marido a  la larga no cumple su promesa y se desata la tragedia.


Uno de los escritores y dramaturgo más grande toda la historia de la humanidad es, sin lugar a dudas, el inglés William Shakespeare, quien no tuvo tapujos para incluir tópicos de fantasía en sus obras. Nos habla de brujas en “Macbeth”, así como introduce fantasmas en “Hamlet”, mostrándonos también a la sílfide Ariel en “La Tempestad”; pero su obra dedicada específicamente al mundo de los feéricos es “Sueño de una Noche de Verano”. Se trata de una comedia de equivocaciones en que unos jóvenes se internan en el bosque, movidos por amores no correspondidos que se cruzan entre los diferentes personajes. El problema es que entran en los dominios de Oberón, señor de las hadas, quien busca desquitarse de su esposa Titania, por lo que deja que su sirviente, el perverso Puck, haga todo tipo de tropelías con las personas que encuentra en el bosque. Esta obra de teatro de 1596 fue adaptada en una ópera de 1692 llamada “La Reina de las Hadas”.

El siglo XVIII y XIX fue la época en que folkloristas y etnólogos comenzaron a rescatar las historias contadas por el pueblo acerca de princesas, monstruos, niños perdidos en el bosque y brujas malvadas. Charles Perrault, los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen son sólo los nombres más conocidos de quienes trascribieron estos cuentos para que sobrevivieran hasta la actualidad, siendo conocidos genéricamente como cuentos de hadas. Ahora, a pesar de su nombre, no todos los cuentos de hadas cuentan con hadas en su trama, pero los 7 enanos, las hadas de “La Bella Durmiente”, Maléfica y muchos ejemplos de feéricos pueden encontrarse en este género literario.

Pero no sólo se trató de recopilar, sino que se escribieron nuevas historias en el siglo XIX y principios de XX que hoy son clásicos. Tenemos a Lewis Carroll y sus relatos acerca de las aventuras de Alicia, pero en cuanto a las hadas, el más influyente es la obra de teatro “Peter Pan” del escoces James Matthew Barrie de 1904. En la extraña tierra de Nunca Jamás vive un niño que no desea crecer, Peter Pan, compartiendo aventura con su banda de niños perdidos, con los indios o las sirenas, luchando contra el capitán Hook y sus piratas, siempre en compañía de la pequeña hada Campanita. Esta historia es la crea el estereotipo de la criatura pequeña, con halas de insecto y caspa brillante que en la actualidad se piensa cuando hablamos de hada.

Ahora, de 1917 data uno de los pocos casos que intentó hacerse pasar como una prueba de la real existencia de hadas. En Cottingley, Inglaterra, dos primas, Elsie Wright (16) y Frances Griffith (10), tomaron la cámara fotográfica del padre de la primera y se sacaron fotos en un arroyo que corría en la parte de atrás de la casa, apareciendo en las fotografías pequeños seres alados junto a las chicas. Luego, en 1919, las fotos se hacen públicas, provocando un acalorado debate en el que participan personalidades de la talla de Sir Arthur Conan Doyle, quien era un ferviente creyente en lo sobrenatural y abalaba las fotografías, mientras que otros escépticos las rechazaban como una falsificación burda, así como supuestos psíquicos que aseguraban que las hadas no se veían así (parecían bailarinas con peinados a la moda francesa). Sólo en 1981 las dos primas reconocieron que habían falsificado 4 de las 5 fotos que las hicieron famosas en esa época. Hasta el último momento sostuvieron que una de ellas era totalmente real.

Una de la cinco fotos de Cottingley
Edward John Moreton Drax Plunkett, 18° Barón de Dunsany, es un nombre que hoy a casi nadie le suena, lo cual es una pena, pues se trata del pionero de la fantasía moderna, siendo el referente que tuvieron en cuenta a la hora de escribir personajes tan importantes como Lovecraft, Howard y Tolkien. Este noble irlandés se dedicó a escribir cuentos de fantasía que luego se categorizarían como de espada y brujería, con tierras fabulosas y criaturas sobrenaturales de todo tipo. Su novela “La Hija del Rey del país de los Elfos” de 1924 da la primera versión acerca de estos seres que sólo son mencionados en la mitología nórdica, sin contar con muchos detalles. También se trata del tema de la mujer inmortal que renuncia a esto por amor a un humano, tópico que rondará mucho la obra de Tolkien.

Por su lado, los años 20’s y 30’s fue la época dorada de los cortos animados, varios de ellos siendo fantasías musicales en que se mostraba antiguos cuentos o historias originales condimentadas con gags. Un cuento muy popular es el de un anciano zapatero y su mujer, quienes a pesar de su pobreza, comparten lo poco que tienen de comer con un duende, el cual los premia por su bondad. Esta historia fue tomada por Walter Lantz, el padre del Pájaro Loco, y llevada a un corto que estuvo nominado al Oscar. Pero podemos encontrar otros cortos animados con duendes y hadas en las Silly Symphony de Disney, en las Merrie Melodies de Warner o los cortos de la MGM.

De la época entre las dos Guerras Mundiales es que proviene una actualización del mito de los duendes. En el folklore anglosajón se habla de los gremlins, unas criaturas malévolas que suelen causar problemas a quienes entran en contacto con ellos, lo cual es muy común en las leyendas. No obstante, los efectivos de la RAF (Royal Air Force) emplazados en Medio Oriente comenzaron a hablar acerca de pequeños duendecillos que se encargaban de estropear los sistemas de los aeroplanos, dándoles el nombre de gremlins. Estas historias continuaron durante la Segunda Guerra Mundial. Luego el escritor Roald Dahl, famoso por escribir “Chalie y la Fábrica de Chocolate” y “Matilda”, escuchó estas historias cuando sirvió en la RAF y escribió su primera historia infantil llamada “Los Gremlins”, la cual estaba pensada para ser transformado en un largometraje por Disney, proyecto que no se llevó a acabo. Los gremlins de Dahl se vuelven unas bonachonas criaturas que son convencidos de ayudar a la RAF en su esfuerzo de guerra por detener a Hitler.

Después, en 1963, la serie The Twilight Zone trajo de nuevo a los gremlins y su relación con los aviones en la historia titulada “Pesadilla a 20.000 pies”, basada en un cuento corto del escritor Richard Matheson (el mismo de “Soy Leyenda”), en la cual un pasajero de un avión, interpretado por William Shatner,  ve por la ventanilla cómo un horrible gremlin se dedica a sabotear el ala del avión. Esta historia tuvo un remake en 1983 para “The Twilight Zone: The Movie”, siendo parodiada y referida en muchas otras ocasiones, entre ellas la más recordada la versión de la Casita del Terror IV de los Simpson, titulada “Terror a 5 y medio pies”. En cuanto a la película de 1984, hablaremos de ella en su momento.

Pero uno de los hitos más relevantes de la literatura fantástica ocurrió en 1954, cuando el escritor sudafricano John Ronald Reuel Tolkien publica “La Comunidad del Anillo”, la primera parte de su trilogía “El Señor de los Anillos”. Inspirado por la obra de Dunsany, por los mitos nórdicos, celtas y, en menor medida, griegos, Tolkien creo toda una mitología a la que llamó Legendarium, donde nos habla de la Tierra Media y de las diferentes razas que conviven y luchan en este mundo. Su obra ya había comenzado a tomar forma con “El Hobbit” de 1937, de la que “El Señor de los Anillos” es continuación, completando la historia con “El Silmarilion”, donde nos habla de los tiempos antiguos.


No obstante, en cuanto al tema que estamos tratando, Tolkien recrea a distintas criaturas sobrenaturales para sus historias, siendo una de estas razas la de los elfos. Debido a los cuentos de hadas, el elfo en la cultura anglosajona se había transformado en una criatura de baja estatura, muy similar a lo que en lengua hispánica designamos como duende. Por su lado, Tolkien se basó en la leyenda original, presentándonos a los elfos como seres humanoides de una belleza etérea, siempre jóvenes y melancólicos por ver como el mundo perdía su magia a medida que la edad del hombre se acercaba. Pero Tolkien no sólo les da una fisonomía, sino que un origen y rasgos culturales, mostrándolos como un pueblo noble, amantes de la naturaleza, el arte, la belleza y la magia. Se trata de un pueblo de artesanos, constructores y guerreros que se enfrentan a un oscuro enemigo que pretende conquistar la Tierra Media.


Luego de “El Señor de los Anillos” ya nada fue igual, tanto para las historias de feéricos como para la fantasía en general. Aún hoy, la mayoría de los escritores de fantasía siguen teniendo a Tolkien como referente y su obra ha conseguido romper la barrera de la cultura seria y ser reconocida como una obra literaria de valor artístico innegable.
En los próximas décadas, los adelantos en efectos harán que las criaturas fantásticas puedan llegar al cine, pero eso lo veremos en el próximo capítulo.

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