martes, julio 12, 2016

Entre el Sueño y la Pesadilla: Seres Feéricos (Parte 6)



Muchos en la actualidad no tienen una perspectiva real de lo que significó en su momento el descubrimiento de América. Si lo extrapolamos a nuestra realidad, es el equivalente a que encontremos otro planeta con vida inteligente, civilizaciones avanzadas y ecosistemas totalmente nuevos… y que luego vayamos allá para conquistarlos e imponerles la forma de vida humana. No obstante, independiente de lo anterior, los pueblos que habitaban América contaron con sus propias leyendas de criaturas maravillosas, las cuales, con la llegada de los europeos, se mezclaron con las historias de las hadas traídas por los conquistadores, aunque muchas han sobrevivido tal cual las contaron nuestros antepasados.
Partamos de norte a sur, desde las frías tierras que se encuentran dentro del Círculo Polar Ártico, pertenecientes en la actualidad administrativamente a Canadá y los Estados Unidos, pasando por los húmedos bosques, las praderas, los pantanos cercanos al Golfo de México o las zonas semidesérticas de lo que en siglo XIX sería llamado el Salvaje Oeste. En esta zona, los pueblos originarios fueron principalmente tribus recolectoras y de cazadores, algunos nómades, los cuales casi no llegaron a formar grandes núcleos civilizados, con excepción de los anasazi de Nuevo México.


Una leyenda muy repetida entre los pueblos que dominaban esta extensa zona geográfica es el de la Pequeña Gente, aunque el nombre puede cambiar de tribu en tribu. Según las historias, estos seres son pequeños humanoides peludos con cuernos en sus cabezas que viven en los bosques, en las riveras de ríos y lagos o en cuevas. Suelen mantenerse alejado de los humanos, aunque se puede saber de su presencia  pues les gusta tocar música. Ahora, como dije antes, las tribus les daban nombres y características particulares a su Gente Pequeña; por ejemplo, para los Inuit del frio norte eran los Ishigaq; para los Cree se trataba de unos enanos de seis dedos y brazos delgados llamados Mannegishi; los Shoshone hablan de los hostiles Nimerigar, siendo estos sólo algunos ejemplos.


En el actual México encontramos la mayoría  de las civilizaciones avanzadas del continente, siendo las principales y más conocidas los aztecas y los mayas. Los primeros contaban historias acerca de criaturas de baja estatura conocidos como Chaneques, nombre que proviene de náhuatl y se traduce como “Aquellos que viven en lugares peligrosos”. Para los aztecas estos seres provenían del inframundo y se encargaban del cuidado de lugares salvajes y los animales que en ellos vivían. Luego, con la hispanización, los chaneques se volvieron duendes traviesos muy semejantes a los europeos, pero de su primera encarnación guardan el poder de robar parte del alma de quien los moleste (el tonalli que según los náhuatl es el alma que se recibe el día de nacimiento) lo que puede producir enfermedades y muerte.


En cuanto a los mayas, quienes se encontraban geográficamente en el sur de México, Belice y Guatemala, tuvieron tratos con los Aluxo’ob (sing. Alux), quienes nuevamente son seres pequeños humanoides que usaban ropa a la usanza maya. Los campesinos de Yucatán aún hoy construyen en sus propiedades pequeños altares en forma de casa conocidos como Kahtai Alux (Casa del Alux) el cual da cobijo a los aluxo’ob, quienes en agradecimiento ayudan a que las tierras del campesino sean más fértiles. También suelen a parecerse a los viajeros, a los que solicitan una ofrenda, la cual de ser pagada, hace que el Alux les proteja en su viaje. Si el viajero se niega a dar ofrenda al Alux, esta criatura se ensañará con él y le hará la vida imposible.


Por su lado, producto del sincretismo con las leyendas de los conquistadores, en Costa Rica existe la leyenda de los Duendes del Bacín (pelela, bacinilla, orinal o bacinica según el país donde vivas). Se trata de enanos que visten con ropas muy lujosas y de colores chillones, contando con barba, orejas puntiagudas y patas de gallo, los cuales suelen atormentar a los humanos. El nombre que se les da proviene de la historia de una familia que, cansada de los tormentos que les hacían vivir los duendes, deciden dejar la casa en que viven, haciendo a medio día ya que a esa hora los duendes duermen. No obstante, cuando se alejan de la casa el más pequeño de la familia le advierte a sus padres que han dejado el bacín olvidado, a lo que una voz en la parte de debajo de la carreta que, entre risas, les dice “No se preocupen, acá lo llevo yo”.
Ya en las tierras de Sudamérica tenemos una infinidad de criaturas que los pueblos del Amazonas, de la lo que fue Imperio Inca, de la zona habitada por los guaraníes y de la Patagonia crearon en su fértil imaginación.


El país más grande de Sudamérica es Brasil, conteniendo en su interior casi a la totalidad de los terrenos selváticos que llamamos Amazonía por el río que le da su riqueza natural. Ahí, se cuenta la leyenda del Sací, un ser que tiene la forma de muchacho negro o mulato con agujeros en las palmas y que posee una sola pierna. Los Sacís llevan un sombrero rojo mágico que les ayuda a desaparecer, además de siempre fumar una pipa. Estas criaturas son famosas por ser muy bromistas, aunque sus travesuras nunca llegan a ser tan siniestras ni destructivas como las de sus parientes de otras latitudes.


Otro feérico popular de Amazonía es el Curupira, que es representado como un muchacho con el pelo rojo, vestido con un taparrabo de hojas verdes y los pies vueltos hacia atrás. Se trata de un guardián de la vida salvaje de la selva, siendo especialmente severo con aquellos que se dedican a cazar animales por placer. Se dice que desarma las trampas de estos cazadores y hace que se pierdan en la jungla.


También acá tenemos una pariente de las ninfas de ríos. La Iara es una hermosa chica morena de largo cabello y ademanes seductores que canta mientras se baña desnuda en ríos o lagos a la luz del atardecer o en noches de luna llena. Los hombres, al escuchar su canto, no pueden evitar ir en pos de ella y lanzarse al agua, donde son atrapados por la Iara y llevados al fondo. Los que no mueren ahogados vuelven locos y sólo pueden ser curados por un chamán.


En Paraguay y el norte de Argentina medró el pueblo guaraní, quienes cuantan con una fauna bastante interesante y variada de duendes. Uno de ellos es el Pombero, quien cumple una función muy similar a la de Curupira amazónico, siendo el protector de los animales. No obstante, si se ofrece una ofrenda de tabaco, miel y caña se vuelve un espíritu benéfico, ayudando a los campesinos a hacer más fértiles sus tierras.


A veces confundido con el anterior, el Yasi Yateré es un enano o niño de cabello dorado, que anda desnudo por los campos y camina ayudado por un bastón dorado. Se trata de un secuestrador de niños, a los cuales atrae con un silbido hipnótico para que lo acompañen al cerro a jugar con él. Cuando se aburre les besa la frente, lo que les deja ciegos, mudos o tontos por un tiempo, aunque otras variantes más siniestras dice que los ahoga en el río. El Yasi Yateré pierde su poder si le quitan su bastón dorado.


Un arquetipo muy repetido en Sudamérica en cuanto a las leyendas de duendes es el del violador. Para los guaraníes este toma la forma del Kurupi, un feo duende que se enrolla su largo pene alrededor de la cintura y encanta a mujeres vírgenes para violarlas y después devorarlas. Por su lado, en Ecuador hay dos seres de características semejantes, siendo el primero el Tin-Tin, quien es un enano con un miembro tan grande que le llega al suelo y que recorre las zonas costeras en busca de mujeres; su contraparte en la cordillera es el Chuzalongo, el cual se echa el pene al hombro. Por último, en Chiloé, una isla al sur de Chile, se encuentra el Trauco, un enano que carece de pies y recorre el bosque sólo cubierto con un traje de hojas. El Trauco embruja a las mujeres para que tengan sexo con él, teniendo en algunos casos hijos con ellas, lo cual es una excusa para justificar el nacimiento de niños fuera del matrimonio o con alguna deformidad.


Por su lado, en la zona andina, la que se extiende desde Colombia hasta Chile y en donde alguna vez se desarrolló la cultura Inca (Perú, principalmente), hay una gran cantidad de minas que extraen todo tipo de metales. En estos yacimientos es común la creencia del Muqui, un duende minero. Una característica muy interesante de estos duendes es que, con la llegada de los españoles, se les atribuyó ciertas características traídas de Europa, siendo una de ellas que los niños que no eran bautizados son quienes se transforman en Muquis, lo cual los hermana con los Cambiados del Viejo Continente.

En la zona que comprende el norte de Chile y el noroeste de Argentina (Salta, Tucumán y Jujuy) se conoce al Coquena o Yastay, quien es el pastor de los guanacos. Se trata de un enano con vestimenta indígena (poncho, gorro de lana o chulo y sandalias) quien está a cargo del cuidado de los camélidos andinos, como las llamas, guanacos y vicuñas. Se dice que premia a los buenos pastores dejando piezas de oro o plata para que las encuentren y que castiga a los cazadores furtivos. También un cambiaformas, adoptando la apariencia de los animales que cuida.

Ya hacía el extremo austral nos encontramos con el pueblo mapuche, quienes se extienden a ambos lados de los Andes, tanto en el sur de Chile y Argentina. Este pueblo cuenta historias acerca de los Laftrache (literalmente “Gente Pequeña” en su lengua mapudungun), los cuales provienen del mundo espiritual, escapando hacia este mundo debido a la batalla entre los Pillanes (espíritus tutelares) y los wekufes (genios malvados). Los Laftraches suelen vivir bajo tierra o en lo profundo de los bosques.

Otra criatura de la mitología mapuche es el Anchimallén, que se les describe como pequeños seres de luz que recorren los campos y que en las noches se pueden ver luchar entre ellos. Se dice que suelen aparecer para anunciar alguna calamidad y que en ocasiones pueden ser esclavizados por algún brujo. Los Anchimallén pueden ser buenos o malos, diferenciándolos por el tono de la luz. Los buenos tienen una luz blanca y los malos roja.

Esta es sólo una parte de la fauna feérica con que cuenta América, habiendo infinidad de otras razas que, obviamente, sería imposible incluirlas todas en una reseña.
No obstante, las hadas y duendes no son sólo material de mitologías y leyendas, sino que se han transformado en protagonistas de cuentos, novelas, películas y obras de todos los medios. Veamos esto en el próximo capítulo.

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