miércoles, septiembre 23, 2015

Érase una vez una Tierra Maravillosa: Utopías, Distopías y Ucronías (Parte 4)


El siglo XX debió de ser la era dorada de la distopía, quizá debido a la influencia de lo que día a día veíamos en los noticiarios. Las visiones acerca de futuros posibles, realidades alternas o pasados que nunca ocurrieron fueron haciéndose cada vez más oscuras y desesperanzadoras.
Uno de los autores más importantes y prolífico en cuanto a distopías es Philip K. Dick, de quien ya hablamos anteriormente debido a su ucronía “El Hombre en el Castillo”. No obstante, son varias las obras de él que se pueden citar al respecto a futuros distópicos, como “¿Sueñan los Androides con Ovejas Electrónicas?”, donde nos muestra un mundo post guerra nuclear que está siendo deshabitado y en el que los androides se confunden con los humano. También tenemos “El Informe de la Minoría”, donde la policía usa las visiones de unos mutantes para predecir asesinatos y apresar a los culpables antes de que estos ocurran… lo cual técnicamente es encerrar a inocentes. También tenemos “Fluyan mis Lágrimas, dijo el Policía”, en que vemos un estado policiaco donde las personas son mejoradas genéticamente y a una estrella de rock le roban su vida de la noche a la mañana. En general, todas las obras de Dick tienen algo de distopía, aderezado por la esquizofrenia y la adicción a drogas psicotrópicas del autor. “¿Sueñan los Androides con Ovejas Electrónicas?” fue llevada al cine en 1982 con el nombre de “Blade Runner”; mientras que “El Informa de la Minoría” tiene una película de 2002 y una serie aparecida este año.


Y en verdad esa época fue muy prolífica en ciencia ficción, pues en 1968 apareció una película que es recordada como uno de los clásicos del género, aunque muchos no sepan del libro que la inspiró. “El Planeta de los Simios” fue una novela publicada en 1963 por el escritor francés Pierre Boille, en el cual nos cuenta la historia de una pareja de turista espaciales que encuentran una botella con el relato de una misión de exploración al planeta Soror, el cual orbita la estrella del Cinturón de Orión Betelgeuse. Ahí, los miembros de la expedición se encuentran con una civilización de simios inteligentes en la que los humanos son cazados y considerados animales, por lo que los miembros del grupo deben demostrar que son criaturas pensantes. La adaptación cinematográfica cambia al planeta Soror por otro mundo misterioso que sólo es debelado al final (sé que muchos saben a lo que me refiero, pero no quiero hacer spoiler a quienes no han visto la película clásica). Se hicieron varias películas de “El Planeta de los Simios”, un remake fallido y un reboot de muy buena calidad.


Otra que también fue hecha película y que es muy conocida entre los más entendidos en el género es “La Huida de Logan”, escrita por William F. Nolan y George Clayton Johnson en 1967. En esta historia vemos el mundo en 2116, donde sólo está permitido vivir hasta los 21 años, contando todos los ciudadanos con un cristal en la mano que cambia de color según la edad del portador. Cuando llegan a los 21, las personas son llevadas para que se les aplique una droga que les produce una muerte placentera. Obviamente, hay quienes no desean irse tan rápido de este mundo, rebeldes que son conocidos como “Corredores”, los cuales son perseguidos por un cuerpo policial llamado Areneros. Por su parte, entre los corredores existe la leyenda de un lugar llamado Santuario, donde se puede vivir hasta llegar a anciano. La película “Logan’s Run” de 1976 hace varios cambios a la historia de la novela, como la edad hasta la que se puede vivir, que a los Areneros se les renombra Vigilantes y varias otras, aunque sigue siendo reconocida como un clásico.


Ahora, en un giro culinario tenemos el Soylent Verde. Muchos habrán escuchado este nombre en diferentes parodias de ciencia ficción, pero no saben de dónde proviene. Pues en 1966 Harry Harrison publicó su novela “¡Hagan Sitio! ¡Hagan Sitio!”, en el que nos muestra un mundo superpoblado donde la comida escasea. Sólo Nueva York posee 40 millones de habitantes y la gente vive hacinada, poseyendo únicamente comodidades la clase dirigente, quienes se dan el lujo de comer verduras frescas y carne; el resto se alimenta de soylent amarillo y rojo, que lo describen como una especie de tofu; pero ahora aparece el soylent verde, el cual es supuestamente hecho a partir de algas. Un detective que investiga la muerte de un importante industrial descubrirá la horrible verdad detrás del Soylent Verde. En 1973 se estrenó una película que adapta esta novela y se llama “Cuando el Destino nos Alcance”, en la cual actúa Charlton Heston, quien se había transformado en un ícono del género (participó en “El Planeta de los Simios” y en “El Hombre Omega”).


Star Wars no fue la primera obra de ciencia ficción salida de la cabeza del director George Lucas, ya que antes fue “THX 1138”. Como era de esperar, en el futuro la gente vive para trabajar y consumir, tomando drogas que los hacen dóciles a las directrices del gobierno; el cual les controla férreamente, prohibiendo todo lo que no ayude a concentrar a la gente en sus tareas, incluido el amor. “THX 1138” está basado en un corto que hizo Lucas mientras estudiaba y está claramente influenciado por “1984” y “Nosotros”.


Ya para los 80’s tenemos nuevas variaciones de la distopía, algunas bastante originales, especialmente de la mano del cyberpunk. En 1982 la editorial japonesa Kôdansha publica un manga del autor Katsuhiro Otomo llamado “Akira”, el cual llegaría a ser un clásico a nivel mundial. Después de una devastación nuclear, la ciudad de Neo Tokio se levanta sobres sus ruinas como una enorme y deshumanizante urbe donde la gente vive hacinada y el gobierno experimenta con niños con poderes psíquicos para mantener el status quo. Así, la historia cuanta acerca de dos pandilleros motoristas que recorren las calles de la ciudad, pero uno de ellos sufre un accidente y cae en manos del gobierno, dándose cuenta estos de que se trata del psíquico más poderoso que han tenido. A este chico le dan drogas para potenciar sus facultades a costa de su salud mental, lo que le llevará a creerse dios y a querer enfrentar al mítico Akira, un  mesías psíquico que es esperado por varias sectas de Neo Tokio. El manga y la película animada hecha a partir de él son el salto gigante de Japón al mundo con su arte gráfico. Si bien se venía conociendo el animé en occidente desde finales de los 60’s, es con “Akira” que las cosas explotan y todos reconocen el valor de las obras salidas del País del Sol Naciente.


Dentro del mismo ciberpunk tenemos la obra de uno de los gurúes del subgénero, el estadounidense William Gibson con  su Trilogía de Sprawl (“Neuromante”, “Conde Cero” y “Mona Lisa Acelerada”) en la que nos muestra un mundo futuro cercano, donde hubo una pequeña Tercera Guerra Mundial y el planeta está dominado principalmente por grandes corporaciones tecnológicas, las cuales están en guerra declarada por alcanzar la creación de la IA (Inteligencia Artificial). En la obra de Gibson veremos varias cosas que a mediados de los ochenta sonaban a ciencia ficción, como internet y hackers, mientras que otras que están en vía de hacerse realidad, como cyberimplantes para mejorar nuestros cuerpos y ponernos en comunicación con nuestras computadoras.


Casi al mismo tiempo que Katsuhiro Otomo creaba “Akira” en Japón, en Inglaterra Alan Moore se decantaba por una distopía clásica en “V de Venganza”. Luego (una vez más) de una guerra nuclear, Inglaterra cae en el caos, seguido después por el gobierno de un partido fascista que instaura un estado policiaco que acaba con todas las minorías y la diversidad. Es acá que llega un héroe enmascarado disfrazado como Guy Fawkes, quien combatirá el totalitarismo fascista con anarquismo libertario. Un muy buen  comic que perdió gran parte de su esencia una vez que pasó al cine.


En 1985 otra saga, esta vez dirigida al público juvenil, da una nueva vuelta de tuerca. La “Saga de Ender” de Orson Scott Card, nos cuenta cómo la humanidad se une bajo un gobierno único debido a una invasión extraterrestre de criaturas insectoides. En este contexto, la milicia busca niños prodigios para ser entrenados como comandantes; esto debido a que sus altos intelectos y sus mentes infantiles les hacen más adaptables e innovadores en el campo de batalla. No obstante, a pesar de esto, la “Saga de Ender” es antimilitarista en su concepción, contando con una adaptación del primer libro “El Juego de Ender” de 2013.


Volviendo a las ucranías, “Patria” de Robert Harris, publicada en 1992, vuelve a lo que ya nos planteó “El Hombre en el Castillo” ¿Qué hubiera pasado si los nazis ganan la Segunda Guerra Mundial? Debido a que los alemanes de dan cuenta de que los británicos rompieron su código secreto Enigma, logran anular las fuerzas navales británicas con mensajes falsos, lo que les ayuda a acabar con la guerra y obliga a Estados Unidos a firmar la Paz. En 1964 la Unión Soviética aún pelea en los Urales de forma desesperada, mientras que Alemania domina directa o indirectamente toda Europa. Ese año Hitler celebra su cumpleaños 75 y se reunirá con el presidente americano Joseph Kennedy para distender la Guerra Fría entre sus dos naciones; pero un detective alemán y un periodista comenzarán a investigar una serie de asesinatos de jerarcas que los llevará a descubrir el secreto mejor guardado de la Alemania Nazi: El Holocausto.


Acá me quiero detener, porque la ucronía se ha hecho mucho más popular entre autores y público en las últimas décadas. Entre las obras más interesantes tenemos “Tiempos del Arroz y la Sal” (2002) de Kim Stanley Robinson, donde nos plantea que la peste negra arrasa con toda la población de Europa y al final la hegemonía mundial la pelean los chinos y los musulmanes; “Roma Eterna” (2003) de Robert Silverberg, que nos explica cómo sobrevivió el Imperio Romano hasta la actualidad; “Viva la República” (2008) un falso documental de Jaume Grau que nos muestra cómo seria España si la guerra civil hubieran ganado los republicanos; o “Synco” (2008) de Jorge Baradit, que nos plantea qué hubiera sido de Chile si el golpe militar de 1973 fracasa.


Ahora, quizá el último estertor de la distopía sea “Matrix”, la trilogía de películas que partió en 1999 y que es obra de los hermanos Lana y Andy Wachowski. En el futuro una guerra entre hombres y robots inteligentes destrozará la ecología del planeta y llevará a la humanidad casi a la extinción. No obstante, las máquinas, que no cuentan con su fuente principal de energía (el sol), toman a los humanos y los conectan a grandes acumuladores de energía, sirviéndose de la bioelectricidad y el calor del cuerpo humano para ello. Estos baterías biológicas se mantienen sin problema gracia a que las mentes de los humanos están conectadas a una simulación de la realidad de 1997. Las películas de fueron revolucionarias en cuanto a la tecnología en efectos especiales, pero la historia se fue desinflando hacia el final.


Y acá llegamos a un punto que es casi ineludible en todas las revisiones que hecho, empezando por las historias de vampiros, de hombres lobos, extraterrestres, zombis, etc. Me refiero a que tarde o temprano se transforman en fantasías románticas adolecentes que repiten una y otra vez las mismas fórmulas. En esta parte quiero referirme a las tres últimas distopías que han salido, cada una con películas de calidad discutible, aunque los libros en general gozan de buenas críticas. “Los Juegos del Hambre”, “Divergente” y “The Maze Runner” no son malas, pero tampoco son las grandes obras que nos quieren vender. Todas recurren al truco de hacer que adolescentes sean sus protagonistas, todas tienen un trasfondo de romance para enganchar al público, protagonistas carismáticos con algún dejo mesiánico, un despiadado gobierno (lo que las hace una distopía), y todas se han basado en mayor o menor medida en “Battle Royale” (1999) de Koushun Takami (la cual no he reseñado porque en rigor no es una distopía). Estas obras buscan hacer sólo variaciones de la misma fórmula, jugando a la segura en sus mundos post apocalípticos donde los adolescentes son héroes, careciendo de cualquier verdadera crítica ideológica. Como descendientes de “The Brave New World”, “1984” o “Nosotros”, son superficiales, insípidos, pobres en lo que plantean y preocupadas en todo momento de que el supuesto lector adolescente se sienta identificado con el/la héroe/ina, en vez hacerlos pensar.

¿Qué se puede aventurar para las próximas utopías, distopías o ucronías? Pues es toda una lotería. Aunque la fantasía adolescente se ha impuesto en los últimos años, se sigue trabajando en cosas más acabadas, ya sea en películas, novelas, comic o en el nuevo medio de los juegos de video. Incluso puede que vuelvan las miradas más esperanzadoras de un futuro mejor. Al final, para la imaginación, el porvenir está a la vuelta de la esquina. 

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