jueves, septiembre 17, 2015

Érase una vez una Tierra Maravillosa: Utopías, Distopías y Ucronías (Parte 3)


“Metropolis” fue el precedente para un montón de miradas desesperanzadas acerca del futuro que plagaron el siglo XX. No obstante, para desgracia de muchos, las ideas de estados totalitarios distópicos se volverían una realidad que aún hoy podemos identificar en varios países del orbe.

Sin embargo, se debe ser justo al reconocer que la película alemana fue la primera distopía popular, pues  existieron varios antecedentes en la literatura anterior. Podemos decir que uno de las primeras distopías del siglo XX es la novela “El Talón de Hierro” de Jack London, escritor famoso por sus novelas de aventuras como “Colmillo Blanco”. En esta novela de 1908, London nos muestra cómo los grandes grupos empresariales conquistan el poder mundial, lo que pone a los trabajadores bajo un régimen opresor llamado El Talón de Hierro. Acá se ven claramente las simpatías de London con ideas socialistas y anarquistas.


Años después, en 1921, e inspirado en la Revolución de su país, el escritor ruso Yevgueni Zamiatin nos presenta su novela “Nosotros”, que en contraposición a la obra de London, nos habla de un régimen dictatorial socialista.  El ingeniero D-503 vive en un país conocido como Estado Uno, donde el control a la población es absoluto, siendo los edificios construidos en cristal para ver lo que sus ocupantes están haciendo. Es un estado altamente controlado, donde la individualidad se ve desplazada por la idea de la comunidad, de ahí el nombre del libro. “Nosotros” sólo pudo ser editada en Rusia luego de la caída de la Unión Soviética.


Por su lado, un asiduo a imaginar mundos posibles vuelve al ataque, pues H. G. Wells retoma el tema con un libro de 1931 casi cercano a la ucronía, pues parte de la elucubración es la imposibilidad de los gobiernos mundiales para recuperarse de la crisis económica de 1929, lo cual nos lleva a treinta años de inestabilidad económica y política. Esto es el punto de partida para “La Forma de las Cosas que Vendrán”, que debe ser uno de los libros de Wells más cercano a lo profético, pues entre otras cosas, nos habla de una Segunda Guerra Mundial detonada debido a una crisis entre Alemania y Polonia por el corredor de Danzig. Luego de esta guerra y de una terrible plaga, en el mundo se instaura una “Dictadura  del aire”, la cual impone un gobierno único en la Tierra, un idioma común y suprime las religiones. Esta novela fue adaptada al cine en 1936 con el título “Las Cosas que Vendrán”


Al año de que Wells nos presentara “La forma de las Cosas que Vendrán”, otro británico nos mostraría una de las dos visiones distópicas más influyentes de la literatura. En 1932 Aldous Huxley publica  “Brave New World”, en que nos muestra un mundo utópico que para llegar a su estado ha tenido que cambiar la esencia misma de lo que hoy conocemos como sociedad. En el futuro ya no hay guerra ni pobreza, la gente es sana y todos muestras altos índices de felicidad; aunque el gobierno controla la reproducción, creando humanos artificialmente, además de eliminar la cultura, el arte, la religión y el concepto de familia. Esta sociedad feliz es vista a través de los ojos de un personaje que ha sido criado alejado de ella, por lo que es conocido como El Salvaje, quien llega a la conclusión de que ese mundo no tiene alma, pues está lleno de superficialidad y entretenciones vacuas para mantener a la gente tonta y obediente.


Pero las distopías pueden ser simbólicas, como lo demostró el escritor inglés George Orwell con “Rebelión en la Granja” de 1945. En esta historia nos muestra cómo los animales de una granja le hacen la revolución a su dueño, quien es sólo un borracho incompetente. No obstante, la revolución que defiende los derechos de igualdad y prosperidad para todos los animales es traicionada rápidamente por los cerdos, quienes ayudados por una jauría de perros, instalan una dictadura. Orwell hace una lectura de lo que fue la revolución rusa con animales que le arrebatan el poder a un líder inepto (el Zar), pero que terminan en manos de un tirano (Stalin).


La otra obra que más es citada a la hora de hablar de distopías es “1984”, también Orwell, quien a su vez se inspiró de “Nosotros” de Zamiatin para escribirla. Publicada en 1949, la novela nos muestra a Inglaterra transformada en Franja Aérea 1, que a su vez es parte de un súper estado llamado Oceanía, el cual abarca toda América, el sur de África y Australia. Este mega-estado está dominado por un partido único llamado Ingsoc, el cual ha instaurado una dictadura presidida por un líder sólo conocido como el Gran Hermano, quien controla a la población del país férreamente y donde las delaciones son pan de cada día. El protagonista de la historia es un empleado del Ministerio de la Verdad (encargado de la destrucción y manipulación de archivos históricos para que sean congruentes con la verdad del partido) llamado Winston Smith, quien comienza a hacerse cuestionamiento de lo que ocurre a su alrededor, lo que le lleva a intentar ponerse en contacto con una supuesta resistencia y con su líder, un tal Emmanuel Goldstein. Es casi obvio que Orwell se inspira en la Unión Soviética a la hora de crear esta distopía, volviendo a temas que ya había tocado en “Rebelión en la Granja”. El libro ha sido adaptado varias veces al cine, siendo una de las mejores la de 1984 (obviamente tenía que hacerse algo ese año), contando con las actuaciones de John Hurt y Richard Burton.


Con la llegada de los 50’s y la Era Dorada de la literatura de ciencia ficción, el tema de la distopía se mantuvo como uno de los favoritos para los autores (porque la utopía como concepto ya no era atractiva para el público sínico del siglo XX). Uno de los grandes de la ciencia ficción que tomó la posta en esto es Ray Bradbury, quien con su novela “Fahrenheit 451” nos traslada a otro mundo disfuncional. Acá nos presenta la historia del bombero Guy Montag, cuya tarea, diferente a la de nuestros bomberos, es quemar libros; esto debido a que el gobierno ha prohibido la lectura pues sostiene que esto alienta la individualidad, no permitiendo que las personas sean felices en el colectivo. Como en “1984”, el personaje comienza a hacerse cuestionamientos acerca del proceder del gobierno, lo que deriva inevitablemente en un conflicto.


¿Pero qué pasa cuando llevamos la distopía a un escenario infantil? Pues resulta igual de aterradora. En su novela de 1954 “El Señor de las Moscas” William Golding nos muestra cómo sería dejar a unos chicos a cargo de su propia sociedad. El avión que lleva a un grupo de niños de una escuela privada británica cae en una isla desierta, sobreviviendo de este accidente sólo los niños. Ellos tratan de organizarse de forma civilizada para sobrevivir, pero pronto el grupo de los cazadores comienza a intentar hacerse con todo el poder, lo que al final impone la ley del más fuerte por sobre el bien común. “El Señor de las Moscas” puede extrapolarse fácilmente a cualquier dictadura fascista en el mundo.


Otra mirada, aunque el libro no tenga el tema distópico como centro, es la “Starship Troopers” del escritor americano Robert A. Heilein, quien nos muestra las aventuras de un soldado del futuro en una guerra entre la raza humana y una raza alienígena de insectos. No obstante, lo que atañe a este artículo es la forma de gobierno que posee la Tierra en esta novela, que gira en torno al militarismo. En ese futuro, una persona puede ser considerado ciudadano de derecho y votar solo si ha servido en el ejército, lo cual causó muchas críticas al autor, quien fue acusado de fascista. Hay una adaptación de 1997, pero la verdad es que se aleja de la esencia del libro.


La siguiente distopía es mucho más conocida por su versión cinematográfica, principalmente porque es una obra del genial Stanley Kubrick. La novela “La Naranja Mecánica” de Anthony Burgess nos traslada un futuro en que bandas de delincuentes juveniles dominan las calles, usan una jerga enrevesada con muchas palabras rusas conocida como nadsat y mezclan drogas con leche. Todo esto lo vemos a través de los ojos de un joven descarado e inmoral llamado Alex DeLarge, el cual resulta preso por sus delitos y el gobierno lo expone a un tratamiento experimental para revertir su comportamiento antisocial  de nombre Ludovico. Esta obra quizá se trate de unas de las que más se acercaron a la realidad por venir, pues todos conocemos los problemas que en la actualidad representan las bandas en nuestras ciudades.


Ahora, uno de los principales escritores que han aportado al género de Distopías y Ucronías es Phillip K. Dick, quien en 1962 nos presenta una historia alternativa en “El Hombre en el Castillo”, que si bien no es la primera ucronía, definió  cómo debía ser el subgénero. En 1933 el presidente Franklin D. Roosevelt es asesinado, lo cual evita que Estados Unidos apoye a Inglaterra en la Segunda Guerra mundial y lleva al Eje a conquistar el mundo. 15 años después del final de la guerra, Japón y Alemania se reparten el mundo y están inmersos en una Guerra Fría que puede llevar al mundo al borde de la destrucción. Se reconoce esta obra de Dick por su congruencia a la hora de especular una historia alternativa. Este año se ha hecho una serie de televisión que toma la historia de Dick.



En un universo alterno, la revisión de mundos imaginarios terminaba acá, pero en este continúa en la próxima parte de esta reseña, así que te invito a leerla.

Leer Parte 4

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