miércoles, septiembre 09, 2015

Érase una vez una Tierra Maravillosa: Utopías, Distopías y Ucronías (Parte 2)


La semana pasada quedamos en las tierras maravillosas, repúblicas ideales e islas paradisiacas creadas por filósofos y soñadores del lado este del Atlántico. Pero en el resto del mundo hay muchas más tierras imaginarias.

Cuando los conquistadores españoles llegaron a América y se dieron cuenta de que no encontrarían el mítico reino del Preste Juan, ya que tropezaron en un continente del que no sabían nada, se maravillaron con las civilizaciones existentes, en especial por la riqueza que estas mostraban. Los españoles acabaron con estas culturas en un tiempo relativamente corto, pero sus leyendas quedaron y llegaron a los oídos de los conquistadores. Una de ellas fue la de El Dorado.


La leyenda que se propagó entre los españoles es que en lo profundo de las selvas de Sudamérica se encontraba una ciudad hecha de oro, lo cual despertó la codicia de un montón de ellos, los que se embarcaron en búsquedas y que no llegaron a tener éxito. Hoy se especula que la leyenda nació en Quito, ciudad donde los españoles escuchan historias acerca de un rey cubierto de oro que adoraba al sol en una laguna, lo cual hace referencia al pueblo de los muiscas y el lago seria el Guatavita, ubicado en Colombia. Pero también se ha puesto la localización de El Dorado en California, en especial cuando se dio la Fiebre del Oro del siglo XIX.


Menos conocida y emplazada mucho más al sur estaba la Ciudad de los Césares, que en la mayoría de las versiones se encuentra en la Patagonia entre Argentina y Chile. Como siempre, hay varias versiones para la leyenda, pero en esencia dice que unos náufragos ibéricos se juntaron con algunos indígenas locales y fundaron una ciudad en la cual el oro y la plata se usaron incluso en su construcción. Lo interesante de estas leyendas es que representan el ideal de los conquistadores europeos, pues su sueño era encontrar ciudades con riqueza suficiente como para que el saqueo fuera aún mayor que el que ya habían cometido con las culturas existentes.


Ahora, si viajamos a las extrañas tierras de oriente, nos encontraremos con utopías religiosas interesantes, siendo la más influyente la de Shambhala. En su versión original, se supone que Shambhala es una ciudad gobernada por reyes justo y que se rige por los principios del budismo. La ubicación varía según quién cuente la historia, algunos poniéndola en un idílico valle entre las montañas del Himalaya o en cavernas en la misma cordillera. Sin embargo, lo que interesa de esta leyenda es lo influyente que fue desde la mitad del siglo XIX, pues muchos esotéricos, en especial los teosóficos, hablaron de su existencia, emparentándola con Agartha, un país existente bajo nuestros pies, el cual dio inicio a la teoría de la tierra hueca.


Dando la vuelta al mundo para regresar a Europa nos encontramos con los árabes, quienes tiene a su haber uno de los tesoros más importantes de la literatura universal, “Las Mil y Una Noches”. Dentro de esta enorme colección de cuentos que son adjudicados a la princesa Scherezade, quien es igual un mito, se encuentran unos que hablan sobre un marino llamado Simbad y sus siete viajes. En el sexto, el marino oriundo de Bagdad naufraga a la Isla de Serendib (Sri Lanka), donde después de varias vicisitudes llega a una ciudad de enorme riqueza, con perlas en sus calles y diamantes incrustados en las paredes. Simbad se hace amigo del rey de la ciudad y le habla de su Califa, por lo cual el rey envía a Simbad de vuelta con grandes regalos para el califa. Nuevamente las tierras maravillosas terminan siendo sólo enormes arcas de tesoros.


Ya volviendo a Europa, una de los usos que se le puede dar a las utopías es la de satirizar, como en el caso de “El Mundo Ardiente” (1668), de la duquesa de Newcastle Margaret Cavendish. El Mundo Ardiente es un país al que se puede llegar a través del Polo Norte, al cual arriba una chica de este mundo y se transforma en Emperatriz, movilizando a sus súbditos (animales humanoides con la capacidad de hablar) para la conquista de su tierra natal, llamada Esfi. Esta obra es considerada como proto ciencia ficción, pues en ella se describen submarinos remolcados por hombres pez o bombardeos con piedras ardientes llevados a cabo por los hombres pájaro.


Pero quien sabía muy bien de sátiras fue un escritor irlandés del siglo XVIII. Jonathan Swift, quien  hoy es recordado por una de las obras de aventuras y sátira más importantes la literatura universal, titulada “Los Viajes de Gulliver”. En ella nos cuenta la historia de Lemuel Gulliver, un cirujano y capitán de barco que naufraga repetidas veces y es llevado a varias tierras extraordinarias. Primero llega  a Liliput, un país poblado por humanos de menos de 15 centímetros que están en guerra con sus vecinos Blefuscu, contienda en la cual Gulliver se ve inmerso. Después de esto, Gulliver llega a Brobdingnag, una nación de gigantes en la que Lemuel se vuelve una atracción de feria; dejando el lugar cuando una enorme águila se lleva la casa de muñeca en la que vive y lo lanza al mar. En otro naufragio Gulliver es rescatado por los habitantes de una ciudad flotante llamada Laputa, en la cual vive gente dedicada al estudio de la ciencia, pero que no le da ningún uso práctico a ella; luego visita varios otros lugares en este viaje, como Balnibarbi y Japón. Al final, en su último viaje llega al país de los houyhnhnms, que son caballos inteligentes mucho más avanzados que los humanos, pues han dominado completamente sus instintos; también conoce a los yahoos, que son humanos deformes y salvajes. Al final, Gulliver quiere quedarse con los houynhnms, pero estos lo consideran sólo un yahoo algo avanzado y peligroso para su sociedad, así que lo destierran y vuelve a Inglaterra, donde termina sus días como un ermitaño.


Todas estas maravillosas tierras descritas por Swift son en realidad una burla a la sociedad inglesa de principios del siglo XVIII, mostrándonos en Liliput y Brobdingnag el comportamiento tonto y pomposo de la corte de Jorge I, o en Laputa la futilidad de los experimentos de la Royal Society.
Hasta ese momento, la utopía se utilizaba como un ejercicio filosófico para mostrar cómo serian sociedades basadas en ciertos ideales, como el cristianismo, el comunismo (ya dicho antes, un concepto muy anterior a Marx), o el gobierno republicano. Pero para finales del siglo XVIII las utopías parecían estar al alcance de todos debido a las revoluciones Americana  y Francesa, que llevaron a la práctica ideales que muchos consideraban inaplicables en la realidad.


Esta época de grandes cambios políticos termina con las Guerras Napoleónicas y la Independencia de las Colonias españolas de América. No obstante, en la literatura las cosas se resuelven de una forma muy diferente. En 1836 el escritor Louis Geoffrey escribe “Historia de la Monarquía Universal: Napoleón y la conquista del Mundo”, que es la primera ucronía moderna. Geoffrey nos plantea lo que hubiera pasado si la invasión a Rusia de 1812 terminaba exitosamente, permitiendo a Napoleón invadir Inglaterra en 1814 y conquistar el mundo. Además, en esta obra se nos muestra los grandes adelantos tecnológicos impulsados por Napoleón, como dirigibles eléctricos, automóviles voladores y maquinas de escribir.


Ahora, el tema de las utopías no fue ajeno a los grandes cultivadores de la ciencia ficción en el siglo XIX. Julio Verne lo toca en su novela de 1879 “Los Quinientos Millones de la Bégum”, en que nos relata acerca de una bégum (princesa) india que muere dejando una enorme fortuna sin tener herederos. No obstante, dos sujetos aparecen demostrando una ascendencia lejana; uno es el Dr. en medicina francés Sarrasin y el otro el Dr. en química alemán Schultze. Ambos se mudan a Arizona y, con la parte que les corresponde de la fortuna, crean ciudades vecinas que representan cosas muy diferentes. Sarrasin funda France-ville, una utopía donde la gente puede ser feliz, en la que todas las casas tienen teléfono y la calidad de vida es óptima. Por su lado, Schultze crea una enorme factoría de armas a la que bautiza Stalhstadt, donde fabrica armas cada vez más destructivas que vende al mejor postor. Obviamente estas dos posturas se enfrentaran tarde o temprano. Este libro es una alegoría que denuncia el militarismo alemán imperante desde su unificación en 1871, en contraposición a los ideales de libertad defendidos por los franceses.


Por esa misma época se hicieron populares movimientos esotéricos de todo tipo, en especial los de raigambre francmasónica. No obstante, en Oriente estaban los teosóficos, que fueron de gran influencia cultural en occidente. Gracias estos movimientos es que nos han llegado leyendas acerca del continente perdido de Mu, ubicado en el medio del Pacífico, y que tiene una historia calcada a la Atlántida. Por su lado, elucubraciones científicas acerca de la semejanza entre la fauna del sur de África y la India generaron la creencia en Lemuria; que es esencialmente el mismo cuento de continentes hundidos, pero ahora en el océano Índico. Obviamente, la deriva continental descubierta por Alfred Wegener 1912 contradice la existencia de estos continentes perdido.


El otro grande de los primeros años de la ciencia ficción es H. G. Wells, quien toma en muchos de sus historia la idea de una sociedad utópica. Uno de los ejemplos más claros es “Una Moderna Utopía” de 1905, en que nos habla de dos exploradores que entran a un mundo paralelo a través de un pasaje en los Alpes Suizos, encontrándose con un mundo sin fronteras, donde existe un estado mundial que es dirigido por a una nobleza que resguarda el orden, conocidos como Samurais.


Pero la variación más llamativa y oscura de la utopía, la distopía, sería iniciada principalmente por una película alemana de 1927. Si bien Verne ya había mostrado los primeros atisbos de esta nueva visión con Stahkstadt, es “Metrópolis” quien nos presenta en toda regla cómo debía ser una sociedad distópica. Este film dirigido por Fritz Lang nos cuanta acerca de una enorme ciudad en el siglo XXI, donde la sociedad está dividida entre proletarios de vidas miserables y una capa dirigente que goza de todas las comodidades. En este ambiente volátil, un científico loco orquestará una venganza en contra del dirigente de la ciudad a través de una androide que prenderá la mecha de la revolución. Es patente que esta película estaba inspirada en la revolución rusa y en muchos otros movimientos que se estaban gestando en todo el mundo en ese momento.


Pero a veces la realidad puede ser peor que nuestras fantasías, y eso sería demostrado por las dictaduras que se implantarían desde finales de los años 20’s y que inspirarían a las distopías hasta la actualidad.

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