martes, septiembre 01, 2015

De 1 a 10 ¿Qué tan Estúpido es?: Donald Trump


La estupidez puede encontrarse en todos los estratos sociales, en todas las actividades y ámbitos; no conoce las fronteras de países, ni los límites económicos, llegando incluso a infectar a aquellos que supuestamente tienen mayor educación. Y en la política es donde mayormente nos encontramos con obtusos que vociferan sandeces e, increíblemente, la gente les escucha. Hablemos hoy de Donald Trump.

¿Quién es este señor con su cara de perro y ese peluquín que parece hechos con los pelos de una mazorca de maíz? Donald Trump es nieto de inmigrantes alemanes por parte de padre e hijo de una escocesa. Nació y se crió en Nueva York, donde su familia se dedicaba al negocio de los bienes raíces. Estudio en la Escuela de Negocios de Wharton de la Universidad de Pensilvania, de la cual salió con el grado de bachelor en ciencia de la economía y antropología.


Ingresó al negocio de su familia dándole nuevos bríos, haciendo una fortuna gracias a su olfato especulador, que le permitió ser uno de los hombres más ricos del mundo, diversificando sus negocios hacia las comunicaciones, siendo uno de sus activos el concurso de belleza “Miss Universo”. Por otro lado, la vida personal de Trump ha sido bastante movida, contando a su haber con tres esposas, siendo dos de ellas atractivas modelos del este de Europa. El empresario también tiene cinco hijos.


Por mucho tiempo el nombre de Trump a sonado en los medios, ya sea por sus sonados romances y matrimonios, por su reality show “El Aprendiz” o por sus constantes escarceos con la idea de ser candidato para algún cargo de elección popular. En este último caso, ya tres veces se ha mostrado interesado en la Presidencia de Estados Unidos, pero sólo a principios de este año se lo ha tomado en serio y presentó su precandidatura por el Partido Republicano.


Ahora, si alguien lee todo lo anterior me dirá, seguramente, ¿Qué tiene de estúpido que un exitoso hombre de negocios se dedique a la política y quiera ejercer la más alta legislatura de su nación? Pues nada, a no ser de que sea un total y absoluto imbécil. Puede ser que tenga más millones que varios países del mundo, pero eso no lo vuelve necesariamente un genio ni alguien capacitado para desempeñar la presidencia de un país, porque esencialmente una nación no es una empresa; no necesita un gerente general, sino un estadista. Y si aún crees que las cosas funcionarían mejor con una mentalidad empresarial, piensa en todas las veces en que tus jefes han abusado de ti y extrapólalo a una nación.


Pero acá hay un problema que aqueja a la derecha americana y que ha comenzado a infectar a sus homologas alrededor del mundo. Se trata de la presentación de candidatos cada vez de menor altura intelectual, siendo juzgados como idóneos sólo por la medida de sus presuntos éxitos. Tenemos el caso George W. Bush, quien estaba a dos pasos de ser un redneck, que no era capaz de nombrar a presidentes de otros países y que se comportó como un idiota tanto en la crisis del huracán Katrina y en la del 11S. Por alguna razón, la derecha conservadora cree que la mejor forma de ganar las elecciones es apostando al mínimo común denominador, tipos con mucho dinero (el sueño de todo miembro de la clase media aspiracional), que los únicos libros que han leído son de finanzas y uno que otro de autoayuda y, principalmente, que abran la boca y vomiten sandeces en cantidades obscenas.


Ahora, no se debe tomar como un modelo repetido una y mil veces, porque a pesar que soy totalmente contrario a las ideas de la derecha, reconozco que hay varios políticos que están a la altura de los cargos que ostentan. Angela Merkel en Alemania, o Gordon Brown y John Major en Inglaterra, quienes representan ideas conservadoras pero no son unos estúpidos que rebuznan incoherencias.


No obstante, en el caso de Trump, el representa lo que se le achaca (muchas veces con razón) a la izquierda hispanoamericana; el populismo. Donald Trump no dirige su discurso al votante informado que tiene una mirada crítica del mundo y de sus autoridades; sino a la masa vegetativa que funciona como caja de resonante para las ideas más peregrinas. Se trata de ese estadounidense que cree en los slogans, como “sueño americano” y “destino manifiesto”, que cree vivir en el mejor país del planeta y que todos los extranjeros quieren destruir o usurpar lo que ha logrado. En su mayoría son asalariados de la clase media que tienen la esperanza despegar con su propia empresa, de religión protestante y fundamentalista, que piensan que el gobierno central no sirve para nada y que sólo busca coartar su libertad de emprendimiento y de tenencia de armas. Son los mismo que protestaban en contra de Obama y su plan de seguro médico diciendo que era una medida socialista, comparándolo con Hitler, cosa que obviamente no tiene ningún sentido (a pesar de ser nombrado Nacional Socialista, el partido de Hitler era de corriente fascista de extrema derecha, contrario al socialismo real de izquierda… sólo por si no lo sabías).


La cosa se desató cuando Trump comenzó a acusar de todos los males de la sociedad americana a los inmigrantes mejicanos, diciendo que sacaría a todos los ilegales y que haría un muro en la frontera que evitara nuevas entradas. Quiero notar a estas alturas que hablamos del mismo país que condenó reiteradamente el levantamiento de una barda que separaba las dos partes de Berlín y que está formado básicamente por inmigrantes de todo el mundo. Además, no hay que ser un genio para entender este racismo se hará extensivo a la mayoría de los hispanos, dejando afuera sólo a los cubanos de Miami, que son muy influyentes en el Partido Republicano.


Esa movida en contra de los inmigrantes mejicanos es una treta política tan vieja y vergonzosa que extraña que a estas alturas siga funcionando. Usar chivos expiatorios para justificar los malos resultados se viene usando desde la antigüedad; si no eran judíos, estaban los gitanos, los herejes, los moros y cuanto grupo que fuera lo suficientemente diferente como para crear desconfianza. Ahora les toca a los mejicanos, que si emigran al norte no es para destruir el sueño de los americanos, sino para vivir el propio; pues en su nación hay caos y corrupción, lo cual es lamentable para un país que nos ha influido tanto desde el punto de vista cultural.


Pero no sólo se le puede achacar racismo a Donald Trump, sino que tenemos más estupideces en su prontuario. Está el hecho de adscribir a la teoría que dice que los las vacunas producen autismo en los niños, lo cual es realmente preocupante, pues como presidente tendría que decidir acerca de políticas de salud pública ¿Qué sucedería si suspende las campañas de inoculación? Obviamente la debacle. Y lo peor es que estamos hablando de un tipo que no sesga cuando cree que cuenta con la razón, importándole un carajo lo que diga la gran mayoría de la comunidad científica.


Otro tema preocupante es su postura ante el cambio climático, aseverando que todo es un montaje para desmantelar el poder industrial de Estados Unidos y beneficiar a la emergente economía China. Y es acá donde se demuestra cuán estúpido en Trump, porque muy suelto de cuerpo sostiene que la comunidad científica internacional, con expertos reputados de todas las nacionalidades, trabajan para la dictadura China. Estados Unidos se pelea con China el liderato por ser el país que más emite carbono en el planeta, y de seguro bajo la presidencia de Trump lograrán ponerse en la punta con una inmensa ventaja.


Ahora, una pregunta válida para hacerse en este momento es: ¿Por qué nos debería importar a quién eligen de presidente en otro país? Pues la verdad es que mucho importa, porque se trata, nos guste o no, del país más poderoso del planeta. Un idiota de por si es peligroso, pero un idiota con esa clase de poder puede tener resultados catastróficos.  Y no se trata sólo de hacer alarma por nada, ya que en las encuestas para las primarias republicanas ocupa el primer puesto en las preferencias.



Donald Trump es un sujeto que abre la boca y escupe mierda, con ideas tontas que no se le perdonan al presidente de una nación y con una seguridad de estar en lo correcto que únicamente da la estupidez. Esperemos que el pueblo americano muestre consciencia a la hora de votar, y que ese sistema cabrón que tienen para elegir presidente no vuelva a favorecer a los republicanos; o si no, todos podríamos lamentarlo.

1 comentario:

  1. Interesante análisis, actualmente vivimos en un mundo donde la globalización a llevado a que un incidente localizado puede repercutir en diversas áreas en muy poco tiempo.

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