miércoles, junio 03, 2015

Malditos Ñoños


De un tiempo a esta parte, debido al auge de películas con temática fantástica, de ciencia ficción, terror o inspiradas en comic, han emergido voces  que se quejan que se le está dando demasiado auge a estos géneros en detrimento de otros “serios” que son relegados en los gustos del público. Ya lo dijo el premiado y brillante director mexicano Alejandro González Iñárritu, quien – pasándose de revoluciones – acusó al género de superhéroes de “genocidio cultural”, con personajes súper poderosos que le caen a golpes a cualquiera que no esté de acuerdo con sus principios. A estos dichos salió a rebatir Robert Downey Jr., que trató de estúpido a Gonzales Iñárritu debido a que su lengua materna era el castellano, lo que obviamente no es ni mínimamente una buena defensa. Pero las críticas también vienen desde adentro, pues hace unas semanas el actor Simon Pegg; reconocido ícono geek que ha participado en películas como “Shaun of the Dead”, “Paul” y “Star Trek”, entre muchas otras; se lamentó que el auge de películas de fantasía y ciencia ficción esté infantilizando la mentalidad del espectador.

Como era de esperarse, además de la estupidez dicha por Downey Jr., otras voces se elevaron para reclamar este menosprecio a la cultura ñoña de la que muchos hoy nos sentimos orgullosos, mostrando su indignación por redes sociales, que es donde los ñoños se expresan hoy, amenazando de muerte a quienes se atrevan a desafiarles.


Pero es acá donde nos debemos detener y pensar un poquito. Las palabras de Gonzales Iñárritu son algo destempladas y tratan de darle al género de superhéroes una connotación política que no posee (por lo menos no en los film descafeinados que nos presentan últimamente). Sin embargo, Pegg llama la atención acerca de algo que se está viendo desde un tiempo y que es alarmante. La perspectiva que toma él en sus comentarios tiene que ver con que el público de hace treinta años era más exigente intelectualmente,  mientras que al de ahora se le puede vender cualquier mierda con grandes efectos y se maravillarán declarando que se trata de mejor en la historia del cine.


Hubo un tiempo en que la cultura freak no existía, y todo era parte de nuestro acervo único. Lo fantástico era respetado – ¿les suena “La Iliada”, “La Odisea”, “Le Morte d’Arthur”, “La Divina Comedia”, “Sueño de una Noche de Verano”, “El Paraíso Perdido”, “20.000 Leguas de Viaje Submarino”, “El Hombre Invisible” y un largo etcétera? – y se medía la calidad de una obra sin tomar en consideración el género al que pertenecía. No obstante, en un punto del siglo XX las aguas se separaron (cosa que pasó mucho antes en la cultura hispanoamericana, pero hablaré de esta teoría en otra ocasión) y se creó una barrera infranqueable que dejó a un lado la cultura “seria” y al otro la ciencia ficción, el terror y la fantasía; pudiéndose estas últimas colar por pequeñas grietas en la pared que siempre son selladas tan pronto como se descubren.


Así, la cultura seria se mueve por su propio camino, despreciando y tratando de ignorar lo que hacen los advenedizos del otro lado del muro, o a veces haciendo acusaciones estúpidas como las de González Iñárritu (como que los superhéroes son de derechas), lo que es respondido con imbecilidades racistas por Downey Jr. (sí, reconozco que me irrita que alguien me catalogue de tarado por el idioma que hablo y en el cual estoy escribiendo en este momento). Pero las cosas que pasan de este lado de esa barrera no son mejores, ya que la cultura ñoña sí se está transformando en entretención para niños; y peor aún, para niños tarados.


Si se lo piensa un poco, no es raro lo que Simon Pegg declara. Yo mismo lo veo una y otra vez cuando investigo para las diferentes reseñas que he presentado en este blog. Lo que comenzó como un terreno para la experimentación osada, terminó siendo una guarida para autores mediocres, sujetos que quieren hacer dinero fácil a costa de fantasías adolescentes, malos argumentos llenos de lugares comunes y fanservice.


¿Exagero? No sé qué tanto. Hubo una época en que teníamos a Nosferatu, “1984” y “El Amanecer de los Muertos Vivientes”; mientras que ahora tenemos a Edward Cullen, “Los Juegos del Hambre” y “Mi novio es un Zombi”. El terror, la alegoría política, la crítica social o los conflictos morales están ausentes hoy en la mayor parte de las obras de género freak porque hay quienes creen que el público es muy tonto para entenderlas, que incluir eso haría a las obras menos masivas o que no es bueno herir susceptibilidades. Al final, nos quedamos con melosos romances que harían que Corín Tellado enferme de diabetes, héroes y heroínas de cartón con conflictos existenciales de mierda y villanos que no tienen justificación para su maldad más allá de: “Lo hago porque puedo”.


Otro problema es la censura, en especial del cine,  que busca que todo sea políticamente correcto, que los buenos sean muy buenos, los malos detestables, los débiles protegidos, los crímenes castigados y que las historias no tengan ninguna pizca de realismo. Hoy en día, con la mentalidad de las productoras, una película como “El Exorcista” no hubiera sido estrenada tal cual la conocemos. La historia de una niña que dice obscenidades con una voz demoniaca y se masturba con un crucifijo hubiera sido irremediablemente cortada y reemplazado esas escenas con efectos especiales grandilocuentes que no aportan nada a la historia. Si hace una semana madres preocupadas y muy cristianas en Estados Unidos juntaron firmas para evitar la salida al aire de la serie “Lucifer”, que tiene toda la pinta de ser una versión descafeinada del comic en que está basada… y Constantine no pudo dar una calada a su cigarro en la pantalla de televisión porque eso no se puede mostrar hoy.
Por un momento creíamos que la salvación vendría de oriente, porque desde finales de los 60’s los japoneses nos venían entregando material de una calidad excelente. Pero de pronto una generación de creadores dio paso a otra y las cosas se estancaron, repitiéndose fórmulas para mantener audiencia sin asumir riesgos. Hoy el animé y manga es más que nada chicas con grandes ojos y tetas que son puestas en las diferentes situaciones que demanda el subgénero al que está abocada la obra.


Y caso aparte son los fans, que más que un dolor de cabeza, son semejantes a un dolor de bolas. Están los fanáticos acérrimos y ciegos a una franquicia, que dicen que la suya es la obra cúlmina de la cultura humana y el resto es sólo bosta de caballo; aunque nunca han leído o visto nada a parte de la obra de su adoración. En el salón del manga de Barcelona el año pasado hubo un enfrentamiento entre fanáticos de Pokemon y de Digimon, lo cual grafica a la perfección mi punto.

Una mierda de argumentos, una mierda de pelea

El nivel del fanático ha bajado significativamente, no existiendo ninguna postura crítica frente a lo que se les entrega, sólo tragándolo sin saborear. Son fácilmente impresionables, pues los efectos visuales los deslumbran y el 3D les produce algo parecido al orgasmo. Aunque no sean críticos, son quisquillosos con sus aficiones, tomando cualquier cosa que vaya en contra de ellas como algo personal, lo que les hace llenar las redes sociales con cacareos histéricos y chistes tontos y de mal gusto que en sus cabecitas puede que hayan sonado inteligente. Y también les encanta fantasear más a allá de lo que los argumentos plantean, creando arte homo erótico con personajes de diferentes franquicias (googleen a “Sherlock y Watson”, “Capitán América y Iron Man”, “Bilbo y Thorin”, “House y Wilson” o “Magneto y Charles Xavier”, por poner algunos ejemplos), cosa que no he terminado de entender del todo, pero que creo que tocaré en un artículo que tengo planeado acerca de homosexualidad en la ficción.

¿?...

Obviamente hay cosas que se rescatan y que son populares: la saga de Harry Potter, que a pesar de tener un montón de detractores, son libros de muy buena calidad y que supieron ir madurando junto a sus lectores; “Juegos de Tronos” que en cuanto a sus libros y serie le ha levantado un gran dedo medio a la censura; comic y películas independientes que han salvado géneros casi muertos (los vampiros de “30 días de Noche” o “The Strain”, por poner un ejemplo); mientras que lo de los fans… bueno, tengamos esperanza en las políticas de control de la natalidad.


Ahora ¿Recuerdan el cuento de más arriba, donde la cultura ñoña y la seria vivían separadas por un muro casi infranqueable? Pues es una mierda y no tiene por qué ser así. Una obra, en el formato que fuere, debería ser apreciada por su valor individual sin que prejuicios intervengan en ello. Los estirados y snob intelectuales deberían ver algo más aparte de la última película ganadora del festival de Sundance, mientras que para los fanboys estaría bien aprender que el cine se creó antes de que ellos nacieran. El encapsulamiento de la cultura la vuelve elitista o marginal, la aleja de la realidad, dejando de ser un ente vivo que, en sí. es la suma de nuestros anhelos, pasiones, grandezas y pequeñeces; sino que se transforma en nada más que una cascara frívola y sin alma.



Fuera de toda broma, espero que el público y los lectores comiencen a hacer sentir su voz en todos los medios (y no me refiero a los alaridos sin sentido de las redes sociales), para que la calidad de lo que se produzca empiece a mejorar. Pero también espero que las críticas de quienes no gusten de los géneros geeks sean mejor sopesadas y no prejuiciosas. Al final, lo que hoy se crítica por fantasioso, en mil años puede ser considerado como la nueva “Odisea”.  

No hay comentarios.:

Publicar un comentario