miércoles, junio 24, 2015

Homosexualidad y Ficción: El Reflejo de Nuestros Prejuicios (Parte 3)


El final de la Edad Media se ha establecido exactamente el 7 abril de 1453, día en que las tropas turcas de Mehmed II Fatih toman definitivamente Constantinopla, marcando el final del Imperio Romano de Oriente. No obstante, nadie puede acostarse una noche como un hombre medieval y al otro día levantarse como un moderno habitante de la edad de la exploración. Por el contrario, costó varios siglos sacarse el lastre de esos mil años que, en algunos casos, continuan penándonos.

El Renacimiento Italiano fue uno de los movimientos culturales que ayudaron a dejar atrás el Medievo, rescatando la estética del arte clásico, pero dándole un toque fresco y contemporáneo. Sin embargo, la Iglesia Católica sigue imponiendo los cánones morales con mano de hierro, por lo que cualquier expresión descarada de homoerotismo puede llevar a los responsables a las mazmorras de la Inquisición. Por otro lado, sabemos por los datos biográficos de los artistas renacentistas que muchos de ellos eran gay, en especial los dos más famosos, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel Buonarroti. Particularmente, este último tuvo una fijación con el cuerpo masculino, dándole una belleza en sus esculturas que sobrepasó a las estatuas de Grecia y Roma. Pero paradojalmente, quien se definía como escultor es recordado por los frescos pintados en la capilla Sixtina, en cuyo techo se presentan los pasajes más importantes del Génesis, mientras que en el altar mayor aparece una imagen del Juicio Final. Son figuras grandiosas y de una hermosura conmovedora, pero si se les ve con detención nos daremos cuenta de que todos los cuerpos femeninos son en realidad hombres con tetas. No es que Miguel Ángel no supiera cómo se ve una mujer, sino sencillamente sentía desdén por el cuerpo femenino, al que consideraba imperfecto comparado con el del hombre. Recordemos que la sociedad humana generalmente ha sido profundamente machista, y Buonarroti, aunque homosexual, era igual de misógino que cualquier hombre de su época.


Miguel Ángel y Leonardo (quien tuvo una larga relación amorosa con uno de sus ayudantes llamado Gian Giacomo Caprotti da Oreno, al que llamaba cariñosamente Salai o Diablillo), vivieron su sexualidad con cierta libertad, ya que tenían amigos en altas esferas que les protegían de las autoridades religiosas, pero la gran mayoría de la gente cuya forma de vida no cuadraba con la moral imperante, debieron vivir escondidos y con constante miedo.

Retrato de Salai

Si leemos los libros de esa época da la impresión de que la homosexualidad no existía, pues nadie la menciona. Hay que bucear profundo para encontrar algo que arroje un poco de luz. William Shakespeare es famoso por sus obras de teatro, siendo sin duda el mayor dramaturgo de la historia de la humanidad, aunque nunca se ha tenido claridad acerca de la autoría de sus obras. Sin embargo, fuere quién fuere el que escribió bajo el nombre de Shakespeare, en sus sonetos es evidente la orientación homosexual de la voz lírica, hablándole de amor a un hermoso joven al cual van dedicados los versos. Una historia de cómo una mujer se interpone entre el amor de dos hombres es el soneto 144:

Dos amores tengo yo de disfrute y desesperación
los cuales como dos espíritus aún me sugieren que
el mejor ángel es un hombre blanco y derecho, y
el peor espectro, una mujer de color enfermizo.
Para ganarme pronto al infierno, mi mal femenino
se llevó al mejor ángel de mi lado,
y corrompería a mi santo para ser un demonio,
arruinando su pureza con su fétido orgullo (...)

Luego del Renacimiento y de las guerras religiosas que marcaron la Reforma Protestante, la sociedad cristiana occidental se vuelve aún más reaccionaria frente a todo lo que huela a diferente o liberal. Tanto católicos como protestantes hacen pogromos en los países donde son mayoritarios a quienes no cuadraban con sus cánones, por lo que hubo un nuevo apagón intelectual en el cual todo volvió a girar en torno a Dios.  Solo con la llegada del Iluminismo en el siglo XVIII las cosas cambiaron. Sin embargo, la aparición de temas homosexuales solo pudo verse al final de este periodo, con el nacimiento de las primeras obras pornográficas y la novela gótica.
La literatura erótica ha existido desde que el mundo es mundo, pues incluso la biblia posee un libro de este tipo, “El Cantar de los Cantares”, siendo este género en su mayoría una exaltación del amor erótico. Sin embargo, en 1748 el escritor inglés John Cleland publica “Memorias de una Mujer del Placer”, en que nos cuenta las aventuras sexuales de una alegre chica llamada Fanny Hill, en las cuales el amor no tiene ninguna importancia, solo el sexo mostrado crudamente. Había nacido la pornografía, mostrando la primera escena moderna de sexo gay entre hombres. El escritor fue encarcelado por su obra, la cual hoy es considerada una joya del género. En contraparte, hoy se escribe cualquier mierda pseudo porno y la escritora se hace rica, famosa y Hollywood le hace una película… ¡Pufffh!


Pero si vamos a hablar de porno es obligatorio referirse a Donatien Alphonse François de Sade, más conocido como el Marqués de Sade. Entre sus novelas pornográficas, de Sade tiene una inconclusa que escribió cuando estuvo prisionero en la Bastilla en 1785 y que se titula “Las 120 Jornadas de Sodoma”, la cual relata cómo cuatro libertinos ricos organizan en un castillo de Suiza 120 días de orgías en que cumplirán sus fantasías más degeneradas. Para ello raptan a 8 jovencitas y 8 chicos, los cuales serán usados sexualmente para el placer de los organizadores. Si bien la obra en algunas partes está solo bocetada, hay varias escenas de sexo gay.


Pero si queremos ver relaciones consentidas y en las cuales se involucra el afecto, es en la literatura gótica en la cual podemos encontrarlas, aunque disfrazadas. Tanto en “El Monje” (1796) de Matthew Gregory Lewis como en “La Venganza Fatal” (1807) del Charles Maturin hay historias de hombres que se enamoran de jovencitos, resultando estos convenientemente chicas disfrazadas al final de las respectivas historias.


Pero el primer relato de un amor homosexual moderno que prescinde de escenas pornográficas es “Ein Jahr in Arkadien: Kyllenion” de 1805 y escrito por Augusto, Duque de Sajonia-Gotha-Altburgo. Parte del movimiento romántico de la época, se trata de una obra poética cuya acción ocurre en la Antigua Grecia y que nos muestra las historias de amor de varias parejas y como consiguen ser felices para siempre, siendo una de ellas una pareja gay. Como anécdota, Augusto es abuelo de Alberto, el marido de la Reina Victoria de Inglaterra, famosa por su conservadurismo.


Joseph Sheridan Le Fanu fue un escritor irlandés famoso en su época por sus cuentos de fantasmas. No obstante, su libro más recordado sería la novela de vampiros de 1872 “Carmilla”. Si bien el vampiro literario había aparecido a principios del siglo XIX gracias a “El Vampiro” de John Polidori, Le Fanu le da al tema una connotación sexual que antes no tenía. Un noble militar inglés retirado vive con su hija Laura en la región austriaca de Estiria cuando hay un accidente de carruaje frente a su castillo en que se ve afectada una chica de la misma edad que Laura. La chica, llamada Carmilla, es cuidada en casa del militar y se hace muy cercana a Laura, transformándose pronto su relación en un romance lésbico. No obstante, Carmilla guarda un secreto, durmiendo mucho de día y caminando sonámbula por las noches. En este libro Le Fanu le imprime erotismo al tema del vampiro y, de paso, crea un personaje muy recurrente en la actualidad: la vampiresa lesbiana (Si quieres saber más de vampiros, puedes leer De como los Vampiros se transformaron en Esferas de Disco).


Otra de vampiros que tiene ciertas connotaciones homosexuales es la ultra famosa “Drácula” de Bram Stoker. Hay varias cosas sospechosas en cuanto a la relación que el Conde lleva con el abogado inglés Jonathan Harker cuando este le visita en su castillo; mostrando sus intenciones en la escena en que lo arrebata del las garras de sus novias y anuncia que Harker era suyo. Por otro lado, es sabido que a la hora de crear al personaje del vampiro transilvano, Stoker solo tomó el nombre de un noble Valaco del siglo XIII, pues su personalidad está basada en la del actor Henry Irving, para quien Stoker trabajaba como asistente y que posiblemente era el depositario del amor del autor.


Otro famoso escritor, amigo de Stoker, y quien sí se atrevió a vivir su homosexualidad de cara al mundo, fue Oscar Wilde, quien debió comparecer en los tribunales ingleses acusado de sodomía, actividad que estuvo penada en ese país hasta mediados del siglo XX. Si bien hay ciertos indicios de homo erotismo en su obra más conocida: “El Retrato de Dorian Grey”, es en su epístola de 1905 titulada “De Profundis” donde se hace patente. Se trata de la sentida carta de amor del autor para su amante, Lord Alfred Douglas, con quien tuvo una relación de muchos años, por la cual fue castigado con dos años en la cárcel y que debió terminar debido a las presiones de la familia de ambos (Wilde era un hombre casado con dos hijos).

Wilde y Douglas

Como vemos, a pesar de su declarado puritanismo, la época victoriana fue más permeable a obras en que se trataba el tema de la homosexualidad. No obstante, con el despuntar del siglo XX llegaran nuevas formas de contar historias, y la sociedad irá avanzando a paso muy lento a lo que podría ser el respeto a la diversidad sexual, aunque no sin varios tropiezos en el camino.

Leer parte 4

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